Hace 15 años que Gisela Kocsis trabaja en la Casa Rosada, siempre en un rol discreto y sin exposición, pero hoy vive horas de indeseado protagonismo. El nombre de la empleada de planta, secretaria del jefe de gabinete Manuel Adorni desde noviembre pasado, aparece -según fuentes judiciales- en el celular del contratista Matías Tabar, quien se ocupó de los arreglos en la casa que el ministro coordinador compró en el country Indio Cuá.

A nombre de Kocsis fue facturada una compra de más de $8 millones en una tienda que vende artículos como sábanas, toallas, fundas, acolchados y cubrecamas.Ligada desde muy joven a las relaciones públicas, Kocsis remarcó una larga amistad personal con el fallecido modisto Jorge Ibañez e ingresó al área de comunicación y prensa durante la gestión de Cristina Kirchner en la Casa Rosada. Los más memoriosos en la casa la ubican, en su carácter de personal de planta, como secretaria del entonces subsecretario de Comunicación, Gustavo Fernández Russo, y, a su vez, a las órdenes de Alfredo “Corcho” Scoccimarro, funcionario clave de la gestión kirchnerista.Siempre en el área de comunicación y prensa, Kocsis cumplió funciones durante el gobierno de Cambiemos a las órdenes del entonces subsecretario de Medios, Gustavo Gómez Repetto.

Un exfuncionario de la administración la recuerda como una “gran profesional”. Kocsis continuó en Balcarce 50 durante el gobierno de Alberto Fernández, en el mismo sector, y pasó a reportarle a Adorni cuando asumió como vocero presidencial, primero, y jefe de Gabinete, después.

Con amplio conocimiento de los vericuetos de la función y de la casa, solía interactuar con los periodistas acreditados, al menos hasta que el Gobierno inició a imponerles severas restricciones a su tarea, restricciones que continúan hasta hoy. Conocida la novedad judicial, la funcionaria cerró sus cuentas en las redes sociales y se mantiene en silencio.