Ansiedad y pantallas: Cómo identificar la 'adicción' digital

Desde hace unos años México pasó de utilizar las pantallas como una herramienta a vivir a través de ellas. Si tienes más de 16 años es probable que pases siete horas y 32 minutos navegando en internet, más del tiempo que dedicarías a cualquier otro ámbito de tu vida fuera del trabajo.En el país, la gente supera en casi una hora el tiempo promedio mundial, según datos del Informe General Sobre la Transformación Digital realizado por We are Social.
El fenómeno tiene nombre: a pesar de no ser considerado como una adicción, hoy es conocido como “uso problemático de las pantallas”, como explica la psicóloga Rosario Cortés Téllez, quien desde hace 31 años forma parte del Centro de Integración Juvenil, asociación enfocada en la prevención y tratamiento de adicciones, así como en la atención de salud mental. ¿Cómo identificar que tengo un problema con el celular?La cotidianidad no volvió a ser la misma después de la pandemia, pues colocó en el centro a los dispositivos digitales: se convirtieron en el punto de encuentro, herramienta de coordinación, fuente de información y refugio ante las malas noticias.
Resulta comprensible el porqué en la actualidad resulta tan complicado despegarse de ellos: son pequeñas cajitas capaces de generar estímulos ilimitados. En palabras de la psicóloga, los aparatos terminan desencadenando mecanismos similares al de las adicciones a las drogas, al juego o el sexo.
Cuando algo le agrada al cerebro se libera serotonina y dopamina: las responsables de la felicidad, el bienestar. "Estar al tanto de los comentarios de las publicaciones en mi celular y redes sociales puede estar librando esta recompensa a nivel neuronal, así que lo voy a querer repetir”, agrega la especialista.
El problema con la repetición es la costumbre: “Ahí es donde está el asunto: cuando menos me doy cuenta mi vida funciona a partir del sonido de mi celular. Incluso a media madrugada, tengo que ver quién me está escribiendo o quién está compartiendo cosas”.
Si bien resulta aparentemente sencillo detectar el problema y más de una persona ha escuchado de los efectos negativos del uso prolongado de las pantallas para la salud, pocas veces se cuestiona si el tiempo viendo reels ya es señal de un problema. La especialista alerta: los focos rojos se notan cuando ya está afectando la vida cotidiana.
Por ejemplo, no poder ir a dormir hasta no revisar todas las redes sociales o terminar una serie. En esa línea, las señales concretas de alerta para identificar si existe un uso problemático, según la especialista en salud mental, son: Impulsividad: intentar detenerse y no poder hacerlo Procrastinación: posponer tareas prioritarias y escolares por estar en las redesAnsiedad por desconexión: dedicar un gran esfuerzo para conseguir internet para seguir al tanto de redes socialesMentir: utilizar una justificación o engaño para mantenerse conectadoDesplazamiento de otros ámbitos de la vida: sustituir la convivencia cara a cara, con familia o amigos, por la pantalla.
Desde la aparición del primer sitio web en 1991, hasta el día de hoy el mundo extendió sus filias y fobias a las pantallas. En los últimos años se han detectado casos de personas que experimentan un miedo irracional a salir de casa sin el teléfono o quedarse sin batería.No se trata de un problema generalizado y aunque no está incluido en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) ni en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), el fenómeno ya comienza a ser estudiado como un problema emergente conocido como nomofobia que proviene de la expresión "no-mobile-phone phobia". “Generalmente son personas con tendencia a la ansiedad.
Normalmente la ansiedad no nace de un día a otro: suele venir de años atrás y hay que analizar desde dónde viene”, destaca la especialista. ¿Puede desencadenar otros problemas?El impacto de las pantallas se va entrelazando con diferentes ámbitos de la vida.
Los estudios disponibles ya alertan sobre su relación con problemas de sueño, ansiedad, depresión y problemas alimenticios. La baja autoestima también entra dentro de la fórmula pues, como explica Rosario Cortés, independientemente de su edad, muchos pacientes buscan validación externa de forma constante. “Si no se trabaja ese autoconcepto de forma interna, se vuelve un área de alto riesgo, pues la persona pone su seguridad en manos de la aprobación de un tercero en las redes”.Los efectos a largo plazo pueden variar, pero suelen estar relacionados con el contenido al que los pacientes están expuestos en internet. “Se han documentado casos asociados a la exposición a la violencia con el cyberbullying”.
Desde su perspectiva, la radicalización —como es el caso de las comunidades incel— o la sustitución de la interacción íntima y afectiva real por el consumo de pornografía son otros ejemplos de cómo el uso problemático de las pantallas interactúa con la salud mental. ¿Cómo iniciar el proceso de ‘desintoxicación’?Para quienes desean reducir el tiempo que pasan en el teléfono el consejo de la psicóloga es simple: hay que ayudar al cerebro con actividades que lo vinculen al entorno físico y social. “Salir a convivir, dar la vuelta, visitar un museo, según el gusto de la persona, comer algo que te guste.
Todas estas cosas que no podíamos hacer por la pandemia” También se puede recurrir a horarios para establecer límites de tiempo al utilizar el celular. Otra alternativa es explorar nuevos hobbies o habilidades que permitan detener el scroll infinito.
De ser necesario, se puede recurrir a ayuda profesional, ya que cada caso es diferente: “Hay muchas características de personalidad, familiares, sociales que nos distinguen a cada uno de nosotros (...) Si ya tengo este hábito, no puedo soltarlo y lo he sustituido por la convivencia uno a uno, lo mejor es pedir ayuda profesional, porque si ya lo instalé, es difícil que yo solo solito lo pueda erradicar” Uno de los enfoques que resulta útil, especialmente en el caso de adicciones, es la terapia cognitivo-conductual, pero, como alerta la especialista, no es un proceso sencillo: “hablamos tal vez de años para lograrlo”.No se trata de satanizar la tecnología, sino de repensar su uso. Es probable que las generaciones que nacieron después del boom tecnológico no se pregunten si desean o no una vida mirando la pantalla, pero quizá sea bueno cuestionarse de vez en cuando cuánto mundo cabe en siete horas. “Soy de otra generación que no tuvo internet, y mucho menos celular, por muchos años.
Créeme que podíamos hacer nuestra vida sin mayor problema”, concluye la psicóloga. LHM
Información de Milenio (México). Edición y redacción: Noticias Today.
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