Sin Monroe, quien nació el 1 de junio de 1926, tal vez no existiría el concepto de la influencia como lo conocemos hoy en día: ella entendió la importancia de la imagen para permear los imaginarios culturales.Con motivo del centenario del nacimiento de Marilyn Monroe, la National Portrait Gallery de Londres inauguró una gran exposición que busca explorar la vida, la carrera y el legado de la actriz estadounidense, a través de retratos creados por muchos de los fotógrafos y artistas más importantes de los siglos XX y XXI, entre ellos Andy Warhol y Pauline Boty. Guillermo GarridoEl imaginario cultural está plagado de su rostro; nadie está exento de toparse alguna vez con ella y reconocerla como un símbolo de feminidad sexual.

Durante su vida, Monroe cautivó a todos con su encantadora gracia y belleza; muchos fotógrafos, cineastas y artistas deseaban colaborar con ella y retratarla. Monroe no solo fue una cara bonita, fue una estratega que entendió el poder de la imagen y logró permear la cultura popular norteamericana alcanzando un nivel de estrellato jamás antes visto.Este mes se conmemoraron los cien años del nacimiento de la actriz, y el National Portrait Gallery en Londres llevó a cabo una exhibición de sus retratos, haciendo énfasis en las colaboraciones que mantuvo con fotógrafos de la época, como Cecil Beaton, Philippe Halsman, Eve Arnold, Milton H.

Greene, Alfred Eisenstaedt, Tom Kelly, André de Dienes, Sam Shaw, Bruno Bernard, entre otros. Norma Jeane, el nombre de pila de la célebre actriz, nació en Los Ángeles el 1 de junio de 1926.

Su madre, Gladys Mortensen, era una mujer soltera que padecía problemas de salud mental y enfrentaba dificultades financieras, lo que la obligó a renunciar a su hija, dejándola en hospicios. Una vez llegó a la fama, aconsejada por su agencia de modelaje, cambió su nombre de pila por un nombre artístico.La exhibición, curada por Rosie Broadley, curadora senior de la colección del siglo XX de la institución, buscó devolverle el lado humano a Monroe destacando a Norma, pero también reconociendo esa esencia y ese carisma que la hacían una persona tanto enigmática como magnética.

Una mujer en la National Portrait Gallery observando algunas de las imagenes elegidas para el homenaje a Marilyn Monroe. Guillermo GarridoEl orden de la exhibición se dividió por cada fotógrafo que retrató a la artista, aportando anécdotas detrás de escena que hablaban sobre la relación que Monroe forjaba con cada uno de ellos.

También se destacaron las iniciativas empresariales de Monroe, como la productora que fundó junto a su entonces esposo, donde desarrollaron la película The Misfits (1961) con Clark Gable. Finalmente, la exposición ahondó en el legado de Monroe y el alcance de la influencia que su imagen llegó a tener en el mundo del arte y de la cultura popular.Esta muestra nos explica el contexto presente: sin Monroe tal vez no existiría el concepto de la influencia como lo conocemos hoy en día, pues ella entendió la importancia de la imagen para permear los imaginarios culturales.

Su performance como Monroe, una persona que se podría argumentar distinta a Norma Jeane, jugaba con las apariencias, mostrándonos un fragmento de su realidad que dejaba al público deseando más. Por ejemplo, sus característicos rizos de rubio platinado no eran naturales, y la actriz se sometía a tinturas fuertes para mantener su icónica imagen y permanecer dentro de los estándares de belleza de Hollywood.Aunque Monroe sí era extremadamente talentosa, su contribución a las dinámicas que proliferaban la imagen cimentaron la cultura de la celebridad en Estados Unidos y abrieron paso a la influencia.

La misma Kim Kardashian, quien se ha posicionado como un símbolo sexual del siglo XXI, emuló a Marilyn Monroe usando el mismo vestido que la actriz portó para cantarle feliz cumpleaños al presidente Kennedy. Aunque el vestido Jean Louis de Monroe no se incluyó en esta exhibición, sí hubo una referencia al deterioro que le causó Kim Kardashian cuando lo sacó del archivo para portarlo durante la gala del MET.A pesar del esplendor y los almidones de la vida de Monroe, la exhibición también invitó a las audiencias a ver las dificultades que la actriz tuvo que atravesar como su difícil infancia, su batalla contra la depresión y las relaciones que tuvo en su carrera profesional y personal.

En uno de los muros de las galerías se ubicó la siguiente frase:“Fui criada de manera distinta a la de un niño americano promedio. El niño americano promedio espera ser feliz… la felicidad jamás fue algo que tomé por sentado o esperé”.Marilyn Monroe.