Los costos económicos ocultos de la menopausia

El aumento de la participación femenina en el mercado laboral y los cambios demográficos han llevado a que las mujeres de mediana edad ya sean una proporción récord de la población activa mundial. Asimismo, es posible que muchas ya hayan absorbido o superado la “penalización por hijo”: el muy documentado fenómeno de interrupción de la carrera profesional y pérdida de ingresos causado por la transición a la maternidad.
Pero hay un gran problema sin resolver: lejos de nivelarse, el terreno de juego sigue inclinado. Las mujeres que van alcanzando la mediana edad enfrentan otro obstáculo, de naturaleza biológica: la menopausia.Asimismo de sofocos y cambios de humor, las fluctuaciones hormonales asociadas a la menopausia producen una andanada de síntomas físicos, emocionales y cognitivos que pueden prolongarse por varios años y afectar el rendimiento laboral y la calidad de vida general de la mujer, llegando incluso a aumentar el riesgo de sufrir problemas de salud (por ejemplo, pérdida ósea y enfermedades cardiovasculares) en algún momento de la vida.
Mientras que el envejecimiento general es gradual, la menopausia provoca un deterioro veloz de la salud y, a diferencia de muchas otras afecciones, es un fenómeno cierto e inevitable.Pero hasta hace poco, era un tema infrecuente de discusión y estudio. La poca formación que reciben los profesionales médicos sobre el manejo de la menopausia ha mantenido por mucho tiempo a las mujeres sin apoyo adecuado para afrontar esa transición, y el conocimiento de los costos económicos y sociales es limitado.Felizmente, eso está empezando a cambiar.
La menopausia se ha convertido por fin en tema de conversación en las redes sociales, en los ámbitos académicos, en los lugares de trabajo y en los círculos de formulación de políticas. Por ejemplo, en 2024 el Senado estadounidense propuso una Ley para la Promoción de la Atención de la Menopausia y la Salud de las Mujeres de Mediana Edad, con el objetivo de financiar la inversión, la formación médica e iniciativas de sensibilización pública en lo referido a la menopausia.Cada vez resulta más evidente que los costos de la menopausia van mucho más allá de sus efectos más conocidos sobre la salud y el bienestar de las mujeres de mediana edad.
Datos de Estados Unidos, el Reino Unido y Escandinavia muestran que el nivel de empleo, las horas de trabajo y los ingresos de las mujeres disminuyen con la menopausia, mientras que aumentan el trabajo a tiempo parcial, las bajas por enfermedad y las incapacidades. Las tasas de matrimonio también registran una marcada disminución durante la transición, y la salud se deteriora (en particular, la salud ósea, debido al mayor riesgo de osteoporosis y fracturas).Estos costos no son meramente individuales, ya que implican pérdidas de productividad, aumento de costos sanitarios y más desigualdad de género.
A largo plazo, la dependencia económica y física de las mujeres en la vejez ejerce presión sobre las familias y los sistemas de seguridad social, salud y bienestar. Al envejecer la población mundial, ignorar estos costos no es solo imprudente, sino también insostenible.La buena noticia es que el acceso a atención médica especializada puede mitigar los costos de la menopausia, sobre todo para las mujeres más vulnerables y las que experimentan los síntomas más graves.
Por ejemplo, las que reciben terapia hormonal sustitutiva (THS) tienen menos problemas con el empleo y mejor salud ósea. Es verdad que existe controversia en relación con la THS desde la publicación de un estudio de la Women’s Health Initiative en 2002, que relacionó el reemplazo hormonal con graves riesgos para la salud.
Pero esos resultados son discutidos, tanto que la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos retiró la obligación de incluir una advertencia en las etiquetas de compuestos para THS.Hay que ver si esta medida será un punto de inflexión. El acceso a información y atención médica tiende a ser desigual según el nivel educativo, los ingresos y la raza.
Resolver estas disparidades y ampliar la atención sanitaria especializada sigue siendo imprescindible para mitigar los costos económicos de la menopausia. Una medida que pueden tomar los gobiernos en tal sentido es exigir cobertura de seguro integral para la atención relacionada con la menopausia (incluida la THS y otros tratamientos terapéuticos) e impulsar una mayor formación sobre la menopausia en las facultades de Medicina y en los programas de residencia médica.Por su parte, las empresas pueden poner en práctica ajustes laborales (horarios flexibles y políticas de licencia favorables) que reconozcan la menopausia como una afección legítima que requiere apoyo.
En muchos países existen hace tiempo políticas orientadas a satisfacer las necesidades de las madres, como la licencia por maternidad y prácticas favorables a la lactancia materna. Muchas de estas medidas han generado un aumento de la productividad y de la retención de talento.
Es lógico pensar que las políticas favorables a la menopausia tendrán el mismo efecto.Es verdad que, aunque la menopausia es un fenómeno universal, nuestros datos se limitan a unos pocos países desarrollados. Por la interacción entre factores biológicos y sociales, es probable que los costos de la menopausia dependan del contexto.
Esto implica que todavía sabemos muy poco sobre cómo afecta la menopausia a las mujeres de regiones menos desarrolladas, donde el acceso a atención médica es aún más difícil.Un obstáculo importante es la falta de datos de alta calidad sobre la menopausia y los indicadores laborales y sanitarios. En general, las encuestas de población activa (e incluso muchas encuestas de salud) no obtienen información sobre los ciclos menstruales o su finalización.
Incluso, es común que los datos de salud, laborales y administrativos no se presten a un estudio analítico, ya que puede ocurrir que los médicos no tengan como práctica habitual preguntar por el estado menopáusico de sus pacientes. O bien, que los códigos de baja por enfermedad o afecciones médicas solo indiquen los síntomas sin hacer referencia a la menopausia en sí.En última instancia, estos faltantes de datos reflejan un desinterés público en la cuestión, que es preciso resolver.
Medir los costos de la menopausia es un primer paso necesario para mejorar la promoción del tema y los indicadores relacionados. Como sostiene el economista y Premio Nobel Angus Deaton, “la medición, incluso sin comprender los mecanismos, puede ser de gran importancia en sí misma; muchos cambios de políticas se basan en ella”.Con el envejecimiento de la población activa mundial, la cantidad de mujeres que experimentan la menopausia mientras trabajan seguirá creciendo, y se acumularán los costos a largo plazo del aumento de la dependencia económica y física.
Cuanto más esperemos para abordar el impacto social y económico de la menopausia, más nos costará.----Laura Juárez es profesora asociada de Economía en El Colegio de México. Fernanda Márquez-Padilla es profesora asociada de Economía en El Colegio de México y profesora visitante (2025-2026) en la Universidad de Zúrich.Copyright: Project Syndicate, 2026.
Información de La Nación (Costa Rica). Edición y redacción: Noticias Today.
Ver publicación original ↗
💬 Comentarios (0)
Iniciá sesión o creá tu cuenta para comentar.