Cambio tecnológico global e impacto en la producción y el empleo

Es evidente que el mundo atraviesa una etapa de transformaciones fuertemente influenciadas por la innovación tecnológica, que se suman a nuevos desafíos geopolíticos y tensiones comerciales. Estas dinámicas reflejan disputas por el liderazgo no solo en el plano político, sino también en el económico, con claro impacto social.1.
En particular, a propósito de la gran transformación tecnológica en la industria global y su impacto en el empleo y la organización de la producción, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha recopilado y sistematizado los principales informes técnicos publicados entre 2023 y 2026.Ello —sin lugar a dudas— contribuye a un mejor diagnóstico del estado de situación y permite laborar ciertas proyecciones o perspectivas en función de los profundos cambios que la tecnología, la digitalización, la robotización y la inteligencia artificial vienen evidenciando.El Foro Económico Mundial (WEF) se refirió al impacto de la IA sobre el empleo en su informe titulado “Future of Jobs Report 2025”, en el que concluye que se proyecta la creación de 170 millones de empleos y la eliminación de 92 millones, con un saldo neto positivo de 78 millones para 2030. Asimismo, señala que el 39% de las competencias clave del mercado laboral cambiarán para entonces, por lo que estima en un 77% el porcentaje de empleadores que planean implementar programas de upskilling.En su informe “World Employment and Social Outlook: Trends 2025”, la OIT destaca que el desempleo global se encuentra estable, en el orden del 5%, pero con una brecha creciente entre países de altos y bajos ingresos en cuanto al acceso a la tecnología.
A la vez, sostiene que la productividad laboral en las economías en desarrollo se encuentra virtualmente estancada.En el estudio de Gmyrek, Berg & Bescond, “Generative AI and Jobs: A Refined Global Index of Occupational Exposure (WP 140)” —OIT (2023/2024)—, sobre inteligencia artificial generativa y empleo, se puntualiza que solo el trabajo de oficina muestra “alta exposición” a la IA generativa, equivalente al 24% de las tareas, mientras que, para otras ocupaciones, la exposición alta no supera el 4%. Por ello, la conclusión al respecto es que el efecto dominante no es de sustitución.A su vez, McKinsey Global Institute (MGI), en un estudio sobre alianzas en materia de oficios y habilidades en la era de la inteligencia artificial, “Agents, Robots, and Us: Skill Partnerships in the Age of AI”, afirma que las tecnologías actuales podrían automatizar más del 57% de las horas de trabajo en Estados Unidos, y reconoce que la demanda de soporte en materia de inteligencia artificial se multiplicó por siete en dos años.Paralelamente, en el “OECD Employment Outlook 2023: AI, Job Quality and Inclusiveness”, ya se afirmaba que el 27% del empleo en países de la OCDE enfrentaba alto riesgo de automatización, mientras que el 80% de los trabajadores que usaban inteligencia artificial reportaban un mejor desempeño.El G7, en su trabajo “G7 Compendium of Best Practices for Human-Centered AI in the World of Work”, sostiene que el 6,5% de los mpleos de sus países enfrentaba alto riesgo de automatización por inteligencia artificial generativa y, paralelamente, que en manufactura y servicios financieros el 56% de los trabajadores reportaba que la inteligencia artificial había mejorado su “seguridad física” y el 63%, su “satisfacción laboral”.2.
Dichos informes ponen de manifiesto el dato contundente de que entre el 40% y el 57% de las horas de trabajo son técnicamente automatizables con tecnologías actuales, y que el efecto dominante es la automatización de algunas tareas dentro de cada ocupación, pero no la sustitución de empleos. Por tanto, el impacto no se observa tanto en el número de empleos, sino en el rediseño de flujos de trabajo completos, cuya clave es la colaboración persona-agente-robot.En ese sentido, el “World Robotics Report” de la Federación Internacional de Robótica, que monitorea anualmente la densidad robótica en más de 40 países (número de robots por cada 10.000 empleados), destaca tres implicancias:Aceleración sostenida de la sustitución del trabajo manual y rutinario en líneas de producción.China domina en volumen absoluto la robotización, mientras que Corea del Sur lo hace en densidad (1012 robots cada 10.000 empleados), impulsada por los sectores de electrónica y automotriz.El riesgo de reshoring en las industrias automotriz y electrónica, así como la constatación de que las economías emergentes de Asia se encuentran con su ventaja competitiva amenazada en estos sectores.3.
Cabe señalar que los efectos de la automatización no son homogéneos al interior de la industria, por lo que la matriz desarrollada por la OIT a partir de informes propios, de la OCDE y de la ONUDI constituye un material de análisis sumamente relevante y permite arribar a las siguientes consideraciones, a título de ejemplo:I. En el sector automotriz, que ya presenta un alto nivel de automatización, la dinámica del empleo muestra una creciente demanda de técnicos en robótica e inteligencia artificial, con recomposición de perfiles.II.
Por su parte, en el sector de electrónica, con un nivel actual de automatización también alto, se observa un mayor impacto de desplazamiento por el alto riesgo de reshoring para economías emergentes. Ello plantea un dilema entre la alta calificación y el desplazamiento por la pérdida de la ventaja comparativa de “bajo costo”.III.
En el sector textil y de confección, que presenta un menor nivel de automatización, se estima que entre el 64% y el 88% de los trabajadores se encuentra en alto riesgo (particularmente en ASEAN). Si bien el sector está relativamente protegido en el corto plazo, puede inferirse una presión creciente a mediano plazo, en especial por las mejoras en robótica de costura.IV.
En alimentos y bebidas, el nivel de automatización actual es medio y el riesgo de desplazamiento es moderado, aunque con reconfiguración de tareas —particularmente en empaque y control de calidad— en vez de una sustitución masiva.V. En logística industrial y almacenes, donde se observa un fuerte progreso en materia de automatización, subsiste un riesgo alto de sustitución para manipuladores físicos y operadores de almacén, lo que constituye un claro testimonio de la contracción del empleo rutinario.Lo expuesto —meramente ejemplificativo— revela la intensidad del proceso de reorganización de la producción y del trabajo, donde las ganancias más significativas implican rediseñar flujos de trabajo completos (y no tarea por tarea) a partir de la colaboración persona-agente-robot.
En dicho contexto, la automatización en economías desarrolladas puede desplazar la producción de las economías emergentes, erosionando la ventaja comparativa basada en el bajo costo laboral. Por último, se constata que las empresas con fuerza laboral bien capacitada y acceso al aprendizaje continuo adoptan IA en forma más efectiva, ampliando la brecha con aquellas que carecen de tales capacidades.4.
Cabe concluir este análisis con algunas consideraciones sobre la situación argentina en tal contexto. Estas transformaciones tecnológicas también se están reflejando —aunque con distintos ritmos— en nuestro país, y su abordaje constituye una etapa indispensable no solo para integrarse a una economía global, sino para cumplir dos objetivos inexcusables: la productividad y la competitividad.Está claro que, sin productividad y competitividad, la cuestión no consiste solamente en defenderse y poder actuar en los propios mercados, sino también en lograr una mayor presencia en los mercados internacionales: el acceso a las nuevas tecnologías y a la IA forma parte de un verdadero desafío para el desarrollo.Ello tiene como contrapartida el reskilling y el upskilling, pues la automatización —como ya se ha señalado— debe complementarse con la generación de empleos, a partir de asumir que hay mutaciones a producir, tecnologías a incorporar, y educación y formación profesional que habiliten estas nuevas formas de empleo.
Esto resulta especialmente relevante para integrar nuevas cadenas de suministro, comenzando por el ya pujante sector energético y la minería, con la mira puesta en la descentralización que irá produciéndose a partir de estas nuevas realidades productivas. Dichas realidades transformarán —sin lugar a dudas— las economías de las provincias cordilleranas y, consecuentemente, generarán nuevas localizaciones para proveedores industriales y de servicios, con el consecuente incremento del empleo.
Para ello, será imprescindible contar con infraestructura que cubra las necesidades básicas de vivienda, salud y educación, requeridas para hacer materialmente viable esa migración interna.No se trata de detenerse en la nostalgia sobre cómo se construyó la industrialización, sino de reflexionar acerca de cómo concretar esta transformación, que necesariamente debe ser acompañada por reformas estructurales en materia fiscal, de infraestructura y logística (puertos, vías aéreas y navegables, rutas, así como ferrocarriles), educación y formación técnica, costos laborales no salariales, y toda otra medida necesaria para mejorar nuestra competitividad al nivel de los países con los que nos integramos comercialmente.5. Para la consecución de estos objetivos y a la luz de estos diagnósticos, se impone la implementación de una estrategia de crecimiento que haga compatible la nueva tecnología de producción con la creación del empleo necesario, reconociendo el claro desafío que implica esta convergencia para la construcción de un nuevo paradigma sobre el rol que el Estado nacional, las provincias y el sector privado han de tener al respecto.Está claro que, si no se asume esta agenda, otros mercados sustituirán a los propios y los datos de generación de empleo del país serán menos alentadores, pues los sectores de producción de nuevas tecnologías no podrán generar una cantidad satisfactoria de empleos que sustituya la desaparición de aquellos que ya no han de existir.No es cuestión de resignarse a no tener industria, sino de visualizar el camino para que todos los sectores posibles puedan identificar y afrontar estas “nuevas realidades”, para crear más empresas y más empleo de calidad, es decir, desarrollo e inclusión como políticas de Estado.
Información de La Nación. Edición y redacción: Noticias Today.
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