SANTA FE.— Ucrania lanzó en la madruga del jueves una de las mayores ofensivas con drones contra Moscú desde el inicio de la guerra y volvió a atacar una de las principales refinerías de petróleo de la capital rusa. La operación, que según autoridades rusas involucró cientos de aeronaves no tripuladas en distintas regiones del país, provocó incendios, daños en instalaciones estratégica s y nuevas interrupciones en el transporte aéreo, en un nuevo capítulo de la escalada militar entre ambos países.

La ofensiva volvió a poner en la mira una refinería estratégica El principal objetivo del ataque fue la refinería de Kapotnia, ubicada en el sureste de Moscú y considerada una de las instalaciones energéticas más importantes de Rusia. Se trata de la segunda vez en menos de una semana que esta planta resulta alcanzada por drones ucranianos.

Las explosiones provocaron un incendio de gran magnitud y una espesa columna de humo que pudo observarse desde distintos sectores de la capital. Equipos de emergencia trabajaron durante varias horas para controlar las llamas, mientras las autoridades aseguraron que no se registraron víctimas fatales.

La refinería desempeña un papel clave en el abastecimiento de combustibles de Moscú. Distintas estimaciones indican que produce alrededor del 40% de la gasolina y cerca de la mitad del diésel consumido en la capital rusa, por lo que cualquier interrupción en su actividad puede tener un impacto directo sobre el suministro energético.

El Ministerio de Defensa ruso comunicó que las defensas antiaéreas interceptaron más de 550 drones lanzados sobre distintas regiones del país, mientras que el alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, indicó que cerca de 190 aparatos fueron derribados en los alrededores de la capital. No obstante, varios lograron atravesar el sistema defensivo y alcanzaron distintos objetivos.

Asimismo de la refinería, algunos drones impactaron contra edificios residenciales y otras construcciones civiles, aunque las autoridades rusas afirmaron que los daños fueron limitados y que no hubo heridos de gravedad. También se registraron afectaciones en un centro comercial y un gimnasio en las afueras de Moscú.

Como medida preventiva, los principales aeropuertos de la capital suspendieron temporalmente sus operaciones. Decenas de vuelos fueron cancelados o reprogramados hasta que las autoridades consideraron que el espacio aéreo volvía a ser seguro.

Una guerra que extiende el alcance de sus ataques La ofensiva ucraniana tuvo lugar pocos días después de una serie de bombardeos rusos sobre Kiev y otras ciudades de Ucrania, en los que fueron utilizados decenas de misiles y cientos de drones contra infraestructura y zonas urbanas. Kiev presentó la operación como una respuesta a esos ataques y remarcó que los objetivos elegidos tenían valor estratégico para el esfuerzo militar ruso.

El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski , defendió la ofensiva y aseveró que se trata de una respuesta a las continuas agresiones rusas sobre territorio ucraniano. Según el mandatario, mientras Rusia mantenga sus ataques contra ciudades e infraestructura civil, Ucrania continuará desarrollando operaciones de largo alcance contra instalaciones consideradas fundamentales para el funcionamiento del aparato militar ruso.

En los últimos meses, Ucrania incrementó significativamente el uso de drones de fabricación propia para atacar depósitos de combustible, aeródromos, fábricas militares y refinerías ubicadas a cientos de kilómetros de la línea del frente. El objetivo es reducir la capacidad logística y económica de Rusia, afectando sectores vinculados al abastecimiento de combustible y al financiamiento de la guerra.

Del lado ruso, las autoridades insisten en que la mayor parte de los drones son interceptados antes de alcanzar sus objetivos. No obstante, la repetición de ataques sobre instalaciones estratégicas en Moscú refleja las dificultades para impedir completamente este tipo de operaciones, incluso en una de las ciudades con mayor despliegue de sistemas de defensa antiaérea del país.

Los ataques también comienzan a tener consecuencias sobre el sector energético ruso. Analistas internacionales señalan que los daños acumulados en distintas refinerías obligaron a reducir parcialmente la producción de combustibles y llevaron a algunas empresas a aplicar restricciones temporales en la venta de gasolina en determinadas regiones.

Mientras tanto, los intentos diplomáticos para alcanzar un alto el fuego permanecen estancados. Tanto Moscú como Kiev mantienen posiciones distantes sobre las condiciones para iniciar negociaciones y continúan privilegiando las acciones militares sobre el terreno.

La guerra, que inició con la invasión rusa a Ucrania en febrero de 2022, atraviesa una nueva etapa caracterizada por ataques cada vez más profundos dentro del territorio de ambos países. La utilización masiva de drones de largo alcance modificó el escenario del conflicto y permitió que infraestructuras consideradas hasta hace poco fuera de