México, cada vez más aislado…

Keiko Fujimori acaba de ganar las elecciones en el Perú. La izquierda populista, como siempre, no reconoce los resultados, pero el asunto es que la nación andina sí cuenta con organismos electorales independientes —no intervenidos en su momento por el régimen de Pedro Castillo, el presidente golpista encarcelado luego de que intentara disolver el Congreso y dinamitar la institucionalidad— y que el conteo de votos será debidamente validado.Este domingo tendrá lugar la segunda vuelta en los comicios presidenciales de Colombia y todo indica que Abelardo de la Espriella, el contendiente de la derecha, obtendrá más votos que el izquierdista Iván Cepeda, una suerte de heredero del estrambótico Gustavo Petro.En esta ocasión no se han emitido sentencias intervencionistas en la máxima tribuna de nuestro país, sino que ha resonado meramente el deseo de que “gane el pueblo” colombiano, así, de manera tan genérica como estrictamente diplomática en apego a esa consabida “Doctrina Estrada” que tanto solían cacarear los gobernantes del antiguo régimen para que nadie más, ningún forastero inquisitivo, se entrometiera en los asuntos internos de esta tierra sacrosantamente soberana.Y, bueno, ya sabemos de Kast en Chile, de Milei en la Argentina, de Bukele en El Salvador, de Noboa en Ecuador, de Santiago Peña en Paraguay y de Nasry Asfura en Honduras, oscilando las posturas políticas de estos mandatarios entre la centroderecha y el conservadurismo radical, pero adherentes, todos y cada uno, a los principios del libre mercado, la inversión privada y la libertad económica.
Ah, y en Venezuela ya no reina el tiranuelo comunista sino una antigua correligionaria suya trasmutada en gestora del protectorado que han instaurado los Estados Unidos en los territorios bolivarianos.Muy bien, pero tenemos todavía amigos, más allá de que no todos los sureños sean tan pleiteros como los mandamases de Ecuador y el Perú para responder a las provocadoras injerencias de doña 4T: nuestro corazón está con los gobernantes castristas de Cuba y, por ahí, simpatizamos recatadamente con Irán —bueno, con los clérigos que sojuzgan a su pueblo—, con un tal Vladimir Putin y, en voz de algunos morenistas, hasta con el sátrapa norcoreano.Pues, qué caray, así de escuálidas como están nuestras alianzas, nos permitimos todavía plantarle cara al mismísimo Trump. ¡Uf!
Información de Milenio (México). Edición y redacción: Noticias Today.
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