Sequía, lluvias, granizo, inundaciones y erosión del suelo… El futuro alcanzó al campo mexicano, una problemática en la que el villano principal es el cambio climático, pero cuya agudización no se explica sin factores como el abandono gubernamental, el desmantelamiento institucional y el avance del crimen organizado. Así lo explican expertos en ganadería, agricultura, ingeniería regenerativa y gobernanza, quienes coinciden en la necesidad de atender una emergencia que mantiene en jaque la seguridad alimentaria del país.

Especialistas afirman que detrás de estas fallas están instituciones como la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y gobiernos estatales y municipales que han dejado de lado responsabilidades en materia de apoyos productivos, adaptación climática, sanidad, deforestación y restauración territorial, así como infraestructura rural básica. Amenaza, más allá de lo ambiental El 9 de mayo de 1992, el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari firmó la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, dos años después de que el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) publicara su primer Informe de Evaluación sobre el estado del clima global.

En dicho reporte se alertó que el incremento de los gases de efecto invernadero provocaría el aumento de la temperatura global, lo que impactaría en el clima, el nivel del mar, los ecosistemas y la economía mundial. A 36 años de esa alerta, el cambio climático ha dejado de ser un concepto abstracto para convertirse en una amenaza más allá de lo ambiental.

La vulnerabilidad climática del país incluso está reconocida en el Programa Sectorial de Agricultura y Desarrollo Rural 2025-2030, ya que uno de los objetivos del documento es “mejorar la sostenibilidad y resiliencia de los sistemas agroalimentarios frente a los efectos del cambio climático”. La vulnerabilidad del suelo En el campo, la crisis se percibe en la producción.

De acuerdo con datos del Censo Agropecuario más reciente, realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) en 2022, 88.3% de las unidades de producción agropecuaria que reportaron pérdidas expresó haberse visto mayormente afectado por factores climáticos. Pero la crisis no se explica sólo por la falta o el exceso de lluvias.

Para el especialista, la vulnerabilidad actual del sector agropecuario en México se fundamenta en seis variables críticas que interactúan entre sí: la crisis hídrica; la degradación de suelos y espacios donde se practica la ganadería extensiva (agostaderos); el estrés térmico; la precariedad estructural del sector; la fragmentación de la política pública y la captura territorial por parte del crimen. Crisis hídrica El cambio climático no sólo modifica los factores de precipitación, prolongando las sequías y, al mismo tiempo, intensificando las lluvias, “lo que las hace más difíciles de aprovechar, sino, también, provoca mayor evaporación desde los cuerpos de agua y menor capacidad de infiltración en el suelo, lo que deriva en mayores escurrimientos e inundaciones”, explica Francisco Xavier Valdés, ingeniero experto en Regeneración.

No obstante, la crisis hídrica en México no depende solamente del clima, sino que está intrínsecamente ligada a la salud del suelo y al manejo ineficiente a la agricultura, sector que acapara hasta 76% de las extracciones de agua, detalla Valdés. Abandono Para Juan Pablo Rojas Pérez, presidente del Comité Directivo de la Confederación Nacional de Productores Agrícolas de Maíz de México (CNPAMM), la crisis radica en el abandono gubernamental.

La falta de apoyo ante el cambio climático y el alza de precios en insumos como fertilizantes ha provocado incertidumbre entre los campesinos, quienes han preferido dejar los cultivos, lo que impacta en la seguridad alimentaria del país. Grandes empresas también forman parte de la problemática.

La gravedad La degradación de los suelos, a partir de la falta de cobertura vegetal, la erosión y la pérdida de materia orgánica, es otro de los factores que más agrava el impacto del cambio climático en el sector agropecuario. Esta temperatura extrema acelera la evaporación del agua residual y aumenta el riesgo de desertificación.

Estrés térmico El aumento de las temperaturas promedio y las olas de calor cada vez más frecuentes, afectan tanto la productividad biológica de los animales como la viabilidad fisiológica de los cultivos. Esta situación se agrava por la falta de infraestructura rural, dejando a los trabajadores pecuarios en una "condición de precariedad económica y limitada capacidad de adaptación ante el clima extremo”, asegura.

El cambio climático es “primordialmente temperatura”, explica Francisco X. Valdés.

Así, el calor no sólo aumenta la evaporación en los cuerpos de agua, sino que empuja a las plantas a un estado de supervivencia que detiene su crecimiento. La crisis que atraviesa el sector agropecuario en México no se explica únicamente por fenómenos meteorológicos.

Existe una variable determinante que potencia la vulnerabilidad del sector: la debilidad institucional y la captura territorial por parte del crimen organizado. Esta presencia delictiva interactúa con la crisis climática para crear un entorno donde los productores pierden su capacidad de respuesta y adaptación.

Ahí está Michoacán, dice, “pues casi todas las unidades de producción agropecuaria tienen que pagarle algo al crimen organizado. Ya no son solamente los impuestos que le pagamos al estado, sino asimismo a esa economía ilegal que está ahí, sin que sea combatida por la autoridad", subraya.

De acuerdo con el académico, la falta de seguridad limita la inversión productiva y profundiza la precariedad de los pequeños productores, lo que genera un "círculo de fragilidad territorial", donde la sequía, la pobreza, la violencia y el abandono institucional se potencian mutuamente. Como resultado, el impacto climático golpea con mayor fuerza a las comunidades que tienen menor capacidad de respuesta debido a que viven bajo una economía ilegal que les arrebata sus excedentes y controla sus recursos básicos.

Ante esto, llama a recuperar el control territorial para permitir una verdadera resiliencia productiva. Los factores de las pérdidas agrícolas