La victoria del París Saint-Germain en la final de la Champions League disputada este sábado no hace sino acrecentar las miradas críticas que enfocan a su exestrella, Kylian Mbappé. Al delantero francés se le atraganta la máxima competición europea de clubes, estando ausente de los grandes momentos de gloria no solo del cuadro parisino, sino también del Real Madrid.

La irrupción del de Bondy como una estrella del fútbol mundial tuvo lugar, precisamente, en la Liga de Campeones. Llegó a semifinales con el Monaco en 2017, dejando por el camino a Tottenham, Manchester City o Borussia Dortmund, y deslumbrando al planeta con su talento y juventud.

El PSG y el Real Madrid se enamoraron de él, y el atacante eligió quedarse en su país, convirtiéndose rápidamente en la gran estrella del Parque de los Príncipes, y aunque alcanzó la final de la competición en 2020, el Bayern de Múnich fue demasiado. En la temporada 2021/2022, cuando su mudanza al Santiago Bernabéu parecía cantada, el Real Madrid de Carlo Ancelotti ganó la Decimocuarta apenas unos días después de anunciarse su renovación.

Volvió a levantar la Orejona en 2024, ya con la confirmación pública de que Mbappé se incorporaría a sus filas de cara a la siguiente temporada, y entonces se acabaron los éxitos. Vestido de blanco, Mbappé tan solo ha sumado una Copa Intercontinental y una Supercopa de Europa a sus vitrinas (sin contar múltiples distinciones individuales), mientras que, al otro lado de la frontera, el PSG de Luis Enrique se ha convertido en el nuevo dominador del fútbol europeo.

"El hecho de tener un jugador que se movía por dónde él quería implica que hay situaciones de juego que yo no controlo. El año que viene las voy a controlar todas, todas….sin excepción", comentó el entrenador asturiano durante el verano en el que se marchó su gran estrella, y el órdago no le ha podido salir mejor.

Las dos Champions consecutivas de los parisinos son el reflejo no solo de una espectacular plantilla, sino de un esfuerzo y sacrificio colectivos aparentemente imposibles con Mbappé sobre el césped. La presión, intensidad y sudor que empieza con Doué, Kvaratskhelia y Dembélé ha demostrado ser un sistema ganador, que asimismo ha dejado por el camino un Balón de Oro (la otra ballena blanca de Kiki) para el ex del Barça.

Dos equipos, dos Champions cada uno y dos etapas decepcionantes con un denominador común: Kylian Mbappé, quien a pesar de registrar números goleadores espectaculares, aún tiene que demostrar ser un líder digno del trono europeo.