Los cines buscan recuperar la magia que no cabe en casa

El olor a pintura fresca y el eco de los pasos al descender por la rampa evocan más la sensación de entrar a un museo en lugar de un cine. Dentro de la sala, las butacas de cuero negro reclinables y equipadas con una pequeña mesa auxiliar acercan la experiencia a la de la primera clase de un avión. “Ir al cine es un plan cada vez más especial”, proclama el anuncio que aparece en pantalla antes de la proyección.
Resume bien la transformación que acaba de vivir el Mooby Gran Sarrià Club. El complejo, inaugurado en 1999, reabrió sus puertas hace unas semanas convertido en un cine “boutique” con siete salas renovadas (una octava sigue en obras), y una oferta gastronómica que incluye vino, cava, tablas de quesos y olivas.
Todo parece nuevo salvo el inconfundible crepitar de las palomitas y la presencia de David, el encargado que trabaja allí desde hace 27 años. “Venir al cine no deja de ser un evento; las salas tienen que reinventarse para ofrecer otro tipo de experiencias”.Seguir leyendo...
Information from La Vanguardia. Edited by: Noticias Today.
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