Cuando el piloto de Iberia, Pablo Martínez Núñez, anunció el inicio del descenso hacia Barcelona, el Papa se levantó y se acercó a la ventanilla. Bajo algunas nubes se asomaba la Sagrada Família.

La llegada a Catalunya, procedente de Madrid, donde la presencia de León XIV ha impuesto durante unos días una tregua política que toca ya su fin y ha bajado los decibelios de la crispación –hoy el Congreso de los Diputados vuelve a su normalidad–, difícilmente podía ser más simbólica. Este miércoles el Pontífice presidirá la misa solemne en la basílica de Antoni Gaudí –venerable para la Iglesia– en el centenario de su muerte.

Al acabar, saldrá al exterior del templo que consagró en el 2010 Benedicto XVI y bendecirá la torre de Jesús. La ceremonia concluirá con un espectáculo de drones y se proyectará en la noche barcelonesa una frase que el arquitecto decía a sus colaboradores: “Primero el amor, después la técnica”.Seguir leyendo...