SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.— La mayoría conoce Córdoba por las sierras, los arroyos, el fernet y el cuarteto. Pero la provincia tiene una cantidad de lugares con historias que parecen sacadas de una serie.

Un hotel de lujo con vínculos nazis documentados por el FBI, un pueblo que nació porque una mujer vio una cascada y expresó \"esto lo compramos\", y cinco estancias del siglo XVII que la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad. Antes de sacar tus pasajes a Córdoba, conocé estas historias tan identitarias para la provincia como su acento.

El Eden Hotel, en La Falda, es probablemente el caso más delirante. En 1897, un exoficial del ejército alemán llamado Roberto Bahlcke compró 900 hectáreas en lo que entonces era jurisdicción de Huerta Grande y levantó un hotel al pie del cerro El Cuadrado.

Llegaron casi 5 mil toneladas de materiales desde Europa en tren, hasta una estación a seis kilómetros, y de ahí se movieron a mula. La idea era recibir familias con problemas respiratorios, porque la tuberculosis era epidemia y el clima seco de Punilla se vendía como remedio.

Pero el hotel terminó siendo otra cosa. En enero de 1898, abrió todavía a medio construir.

En pocos años ya era uno de los más importantes del país. Por ahí pasaron Roca, Figueroa Alcorta, Rubén Darío y Toscanini.

Einstein y el Che Guevara lo visitaron sin alojarse. Después empieza lo turbio.

En 1912, los hermanos Walter e Ida Eichhorn compraron el hotel, y la relación con el nazismo empezó antes de que el nazismo existiera como lo conocemos. En 1925, recibieron el ejemplar 110 de la edición de lujo de Mein Kampf, de una tirada reservada a los adherentes más cercanos.

Los discursos de Hitler se captaban con una antena de onda corta en el techo del hotel y se retransmitían por altoparlantes. En 1995, documentos desclasificados del FBI confirmaron que los Eichhorn fueron contribuyentes económicos clave en el ascenso de Hitler.

El hotel terminó incautado en 1945 y funcionó como prisión de lujo para diplomáticos japoneses. Pasó por varios dueños, cerró en 1965 y fue saqueado durante dos décadas.

Hoy, funciona como museo: las visitas diurnas recorren la historia, y las nocturnas se hacen a oscuras, centradas en los relatos paranormales del lugar. A 120 kilómetros de la capital cordobesa, la historia de La Cumbrecita arranca diferente pero con el mismo sello alemán.

En 1932, el Dr. Helmut Cabjolsky llegó a Argentina desde Berlín para hacerse cargo de una gerencia de Siemens.

Dos años después compró 500 hectáreas de campo pelado en las Sierras Grandes, a 1450 metros de altura. Para llegar, necesitaban tomar el tren hasta Alta Gracia, auto hasta cierto punto y después tres horas a caballo por un sendero apenas marcado.

Fue su esposa Hedwig la que, frente a una cascada de casi veinte metros en medio de la nada, tomó la decisión. En 1935 se construyó la primera casa de ocho habitaciones, pensada como casa de veraneo.

Cabjolsky la bautizó Oberalmdorf, \"la aldea alta del pastizal\", por el pueblo alpino donde solía veranear en Alemania. Lo que empezó como una casa terminó convirtiéndose en hostería, después en loteo, y finalmente en pueblo.

En 1996, La Cumbrecita fue declarada el primer pueblo peatonal de Argentina y hoy tiene 748 habitantes, restricción vehicular permanente, paneles solares y planta de reciclaje. Las estancias jesuíticas son parte de la historia fundacional de la provincia.

Son cinco: Caroya (1616), Jesús María (1618), Santa Catalina (1622), Alta Gracia (1643) y La Candelaria (1683). Asimismo está la Manzana Jesuítica en la capital, que incluye la iglesia, la residencia, la universidad y el Colegio de Monserrat.

Todo el conjunto fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000. Las estancias funcionaban como centros productivos que sostenían las instituciones educativas y religiosas de los jesuitas: criaban mulas, producían vino, trigo y miel, y operaron durante más de 150 años hasta que Carlos III los expulsó en 1767.

El Camino de las Estancias tiene unos 250 kilómetros y se puede hacer en auto o con excursión desde Córdoba capital. Santa Catalina, con su iglesia de dos torres y fachada barroca centroeuropea, es probablemente la más impresionante del circuito.

Tres historias, tres épocas, una misma provincia. Lo interesante es que ninguno de estos destinos queda lejos de las otras.

Se pueden combinar en un viaje de pocos días y son una forma diferente de disfrutar los paisajes cordobeses.