ROSARIO.— "Hoy siento que no me falta nada". Después de más de tres décadas entrando y saliendo de la Facultad de Arquitectura, trabajando como guardavidas, formando una familia y postergando una y otra vez las últimas materias, Gonzalo Sosa finalmente logró recibirse.

Su historia es una de las 230 que hizo posible el programa “rEGRESAR” de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), una iniciativa que busca que estudiantes que abandonaron sus carreras puedan volver a las aulas y alcanzar el título universitario. La cuarta convocatoria permanecerá abierta hasta el 7 de junio y está destinada a estudiantes que adeuden hasta el 30% del plan de estudios o tengan pendiente únicamente el trabajo final, tesis o tesina.

Según explicó la secretaria del Área Académica y de Aprendizaje de la UNR, Carina Gerlero, la propuesta está dirigida a quienes avanzaron significativamente en sus carreras pero debieron abandonar por distintas circunstancias. "El programa rEGRESAR convoca a estudiantes de la Universidad Nacional de Rosario que cursaron y avanzaron más del 70% de su carrera, pero que por algún motivo tuvieron que discontinuar sus estudios hace al menos tres años.

Ahí es donde nosotros pensamos que tenemos que acompañar esas trayectorias inconclusas, recuperar, a partir de las historias de vida de cada estudiante, cómo pueden volver a cursar, volver a rendir y poder egresar", indicó. La funcionaria destacó que la iniciativa forma parte de una concepción más amplia sobre el rol de la universidad pública.

"Asumimos un compromiso con cada una y cada uno de los estudiantes: el de garantizar el derecho a estudiar en la universidad, el derecho a aprender y el derecho a egresar", aseveró. Acompañamiento personalizado Uno de los pilares del programa es el sistema de tutorías.

Cada participante cuenta con un tutor que acompaña el regreso a la vida universitaria, ayudando tanto en aspectos académicos como en cuestiones administrativas y emocionales. "Las trayectorias singulares tienen valor porque reflejan un esfuerzo individual, pero también un esfuerzo colectivo.

A partir del programa, cada estudiante va a estar acompañado por un tutor o una tutora que trabaja todo lo que implica volver a retomar el contacto con los equipos docentes, los trámites administrativos y también aquellas barreras simbólicas que aparecen cuando alguien se pregunta si puede volver a estudiar después de tantos años", explicó Gerlero. Asimismo, cada facultad dispone de referentes académicos que colaboran en la reconstrucción de los recorridos educativos para que el regreso se adapte a las necesidades de cada estudiante sin perder calidad formativa.

La experiencia acumulada en los últimos 3 años muestra resultados alentadores. "Más de 230 estudiantes lograron egresar.

Muchos debían apenas una, dos o tres materias, otros tenían pendientes trabajos finales o tesinas. Cada egreso es un festejo, nos llena el alma de orgullo y alegría porque significa hacer sentir a cada persona que su paso por la universidad fue y sigue siendo importante", remarcó.

Gonzalo: una deuda pendiente desde 1992 Treinta años después de haber ingresado a la Facultad de Arquitectura, Gonzalo Sosa finalmente pudo cerrar una historia que parecía interminable. Ingresó a Arquitectura en 1992 y, aunque ejercía la profesión desde hacía años gracias a su título de maestro mayor de obras, nunca había logrado completar las últimas materias.

"Soy guardavidas, trabajé toda la vida para financiar la carrera, después formé una familia, llegaron otras responsabilidades. Siempre volvía a la facultad, rendía algunas materias y otra vez me alejaba", contó, quien también es docente de secundario desde hace 15 años.

La pandemia lo encontró intentando terminar. Entonces apareció la posibilidad de sumarse al rEGRESAR.

"Un amigo que trabajaba en la universidad me habló del programa. Después de tantos años cuesta muchísimo volver.

No son solamente los tiempos laborales; aparecen otras responsabilidades, otras preocupaciones. Necesitás que alguien te acompañe", explicó.

El sistema de tutorías fue, según aseveró, la clave para completar el proceso. "Lo más valioso eran las consultas semanales.

No te facilitan la materia ni te regalan nada; simplemente hay alguien que te acompaña, te orienta y te ayuda a sostener el vínculo con la facultad. Eso hace toda la diferencia", remarcó.

La experiencia fue tan significativa que, una vez graduado, decidió convertirse él mismo en tutor del programa. "Ahora soy tutor porque sentí que no podía dejar de ayudar a otros.

Conozco la desazón, la falta de energía y las dudas que aparecen cuando pasan tantos años. Trato de transmitirles que sí se puede", indicó.

Recibirse en marzo de 2025 significó cerrar una historia que había comenzado más de tres décadas atrás. "Mi papá es arquitecto y yo decidí que quería serlo también cuando tenía 5 años.

Todo el mundo me conocía estudiando Arquitectura. Cuando finalmente obtuve el título sentí una plenitud enorme.

No porque el título cambie a la persona,