SANTA FE.— "Qué saben los pitucos… lamidos y shushetas, qué saben lo que es tango que saben de compas" *** Un viejo profesor observaba sentado solo con un vaso en la mano, una exhibición moderna en una milonga. Eso sí, mucho brillo, mucha acrobacia, mucho aplauso fácil.

Su mirada se detuvo fija en una pareja joven que enseñaban exactamente las mismas secuencias que aprendieron años atrás en su humilde academia de barrio. Todo bien, pero en su pensamiento rondaba su intriga.

¿Y el sentimiento? Se retrotrajo en el tiempo y recordó a aquellos milongueros, los que realmente enseñaban basándose en tres pilares perfectamente definidos: el tango no se pisa, se acaricia; el silencio también se baila; un buen abrazo vale más que mil figuras.

Irónicamente este viejo profesor, buscando tal vez explicación y con cierta ofuscación: todos dicen saber cómo se baila, pero muy pocos entienden porque se baila. No estaba para nada cómodo pero absolutamente convencido que el tango nunca necesitó profesores de cartel.

Necesitó hombres y mujeres capaces de escuchar llorar un bandoneón y escuchar bailar su corazón. Era la desilusión de quien amó profundamente una expresión artística y veía cómo muchos la transformaban en vidriera.

Era el tango expresado por dos mundos: de aquel que "marca pasos, para lucirse y la foto", y aquel que "baila con el alma porque entiende que el tango no se aprende solamente con figuras". Y aquí radica el sentido del tango "Así se baila el tango", de 1942, cuya autoría debemos a Marvil (Elizardo Martínez Vilas) y Elías Randal (Elías Rubistein), en letra y música respectivamente.

Este tema describe la "pica" eterna entre los viejos milongueros. Por un lado, aquellos que nunca necesitaron presentar la chapa de profesor pero demostraban serlo en el abrazo, en la pausa, en el respeto por la música y fundamentalmente en la mujer, su pareja de baile, como asimismo poner foco en bailar la melodía.

Y por otro lado, los "pitucos, lamidos y shushetas" , que apabullaban con sus firuletes, hablando difícil, corrigiendo a todos en plena milonga (en la actualidad también se ve), pero carecen de barrio, sin pena y vacíos de tango. Lo viví en carne propia entregando mi tiempo, paciencia y conocimientos para formar bailarines y descubrir que, alumnos después de tres clases como máximo, se largan por su cuenta con el cartelito de "maestro".

Pero fue culpa mía por no tener en cuenta el verso del tango "Bien pulenta" (música compuesta por Juan D'Arienzo y Héctor Varela, mientras que la letra pertenece a Carlos Waiss): "No me gusta avivar giles que después se me hacen contra". En la mayoría del mundo tanguero se aprende la pose antes que el respeto, y confunden "caminar el tango" por "caminar por sobre los demás": "Qué saben los pitucos, lamidos y shushetas/ qué saben lo que es tango, qué saben de compás/ aquí está la elegancia, que pinta, que silueta/ que porte, que arrogancia, que clase pa´bailar".

Se declara la guerra cultural: el tango auténtico por un lado, versus el tango superficial. Los pitucos, lamidos y shushetas son los que se acercan al tango desde la apariencia, la elegancia vacía o desde la pose social.

En cambio el verdadero milonguero es el que entiende el tango nacido en el barrio, en el dolor, la calle y el sentimiento. No habla de ropa fina, sino que se refiere al porte natural del hombre tanguero mezcla pura de seguridad, cadencia y personalidad, que no se compra ni se estudia: "Así se corta el césped mientras dibujo el ocho/ para estas filigranas yo soy como un pintor/ ahora una corrida, una vuelta, una sentada/ así se baila el tango… un tango de mi flor".

Un pintura, una verdadera obra de arte, un diseño magnifico. La pista es el lienzo y los pasos, pinceladas y el bailarín un artista que dibuja con movimientos precisos una verdadera obra de arte.

El tango deja de ser una secuencia técnica y pasa a ser una expresión artística personal. El tango verdadero no es mecánico, nace a cada instante pero no se lo debe maltratar: "Así se baila el tango sintiendo en la cara/ la sangre que sube a cada compás/ mientras el abrazo como una serpiente/ se enrosca en el talle que se va a quebrar/ Así se baila el tango, mezclando el aliento/ cerrando los ojos para oír mejor/ Como los violines le cuentan al fueye/ porque desde esa noche Malena no canto".

¡Clase magistral ! El tango no se piensa, se siente…la sangre sube a la cara, el abrazo aprieta, los cuerpos se enlazan y la música entra por la piel.

La imagen del abrazo, similar a una serpiente que aprieta y tritura el talle trasmite sensualidad, dominio, entrega y pasión y algo muy maravilloso: cerrar los ojos para oír mejor porque el tango verdadero no necesita exhibirse. Necesita sentirse.

Partamos de la base que música es el arte de combinar los sonidos, pues bien, los instrumentos entran en charla permanente entre ellos, los violines le cuentan al bandoneón una vieja tristeza, se ponen de acuerdo y generan compases que traen historias como amores rotos, mujeres perdidas y madrug