En una época en la que casi todo es volátil y pocas cosas no se pueden resolver desde el celular, hay objetos que se resisten a abandonar la escena, que se plantan al paso del tiempo y a cierta... “Modernización”. El álbum de figuritas es una.

El fixture de papel, otra. Cada cuatro años, cuando se acerca el Mundial, reaparece una costumbre que parecía destinada a quedar archivada junto a teléfonos públicos, guías de calle o cassettes, por citar ejemplos.

Entre aplicaciones, calendarios sincronizados y notificaciones instantáneas, todavía hay quienes buscan un papel doblado en cuatro partecitas simétricas para anotar resultados, imaginar cruces y jugar a ser adivinos del torneo antes de que ruede la primera pelota.La escena se repite generación luego de generación. Alguien despliega un fixture sobre la mesa de la cocina, marca con una birome los partidos de la fase de grupos y comienza a completar casilleros.

Los favoritos avanzan. Aparecen las sorpresas.

Una potencia queda eliminada antes de tiempo. La selección propia, por supuesto, llega lejos.

En ese ejercicio hay algo más que fútbol: hay ilusión.Durante décadas, esos pequeños calendarios fueron parte del paisaje previo a cada Copa del Mundo. Los entregaban los kioscos, las carnicerías, rotiserías, las agencias de lotería, ferreterías y hasta las panaderías del barrio.

Algunos tenían diseños cuidados; otros parecían impresos a último momento. Todos compartían el mismo destino: terminar pegados en una heladera, guardados en una billetera o doblados dentro de un bolsillo.La tecnología modificó casi todo.

Hoy los partidos se consultan en segundos, los horarios se actualizan automáticamente y cualquier aplicación permite seguir el torneo en tiempo real. No obstante, la nostalgia sigue encontrando espacio.

Basta escribir “fixture para imprimir” en internet para descubrir que miles de personas continúan descargándolos, compartiéndolos por WhatsApp o encargándolos en imprentas y casas de copiado. Y sobre todo celebrar cuando ese comercio de barrio lo entrega al cliente.No se trata solamente de información.

Si fuera así, alcanzaría con abrir una aplicación. Lo que sobrevive es el ritual.

La posibilidad de escribir un resultado con la propia letra, tachar un pronóstico equivocado o completar una llave soñada. El placer de tocar el Mundial antes de que empiece.En la previa de la Copa del Mundo 2026, la más grande de la historia y la primera organizada por tres países, el entusiasmo vuelve a ponerse en marcha.

Los álbumes, las figuritas, las predicciones y los fixtures reaparecen como cada cuatro años. Cambian los formatos, las plataformas y las formas de consumo.

Lo que permanece es esa necesidad tan futbolera de anticipar lo que todavía no sucedió.Por eso, mientras las pantallas dominan la conversación y los calendarios digitales ordenan la agenda, el viejo fixture de papel sigue encontrando lugar. Tal vez porque permite algo que ninguna aplicación logra del todo: convertir la espera en parte de la experiencia.Y porque, en el fondo, un Mundial también se juega así.

Con una birome en la mano y la imaginación corriendo varios partidos por delante.Este es el fixture del Mundial 2026 para descargar: https://digitalhub.fifa.com/m/1be9ce37eb98fcc5/original/FWC26-Match-Schedule_SPANISH.pdf