Una marea naranja de 18.000 voluntarios despide al Papa León XIV en Ifema: "Hasta os habéis pedido días libres en el trabajo"

El Papa León pone el broche final a su visita a Madrid dándole las gracias a los 18.000 voluntarios que han hecho posible los eventos de estos cuatro días. Este martes por la mañana, miles de camisetas naranjas ocupaban el pabellón 3 de Ifema Madrid.
Una marea naranja que ha repartido agua bajo el sol, orientado a peregrinos perdidos, atendido incidencias, acompañado a personas con movilidad reducida o sostenido una maquinaria logística de dimensiones inéditas. Después de recorrer parroquias, plazas, instituciones y barrios de la capital, el Papa quiso cerrar su viaje precisamente con ellos.La elección no es casual.
Si en su primer acto en Madrid León XIV había querido comenzar entre personas vulnerables en el Cedia 24 horas, en el último decidió detenerse con quienes han trabajado entre bastidores para que cada encuentro fuera posible. Desde primera hora de la mañana, los voluntarios fueron llenando el recinto entre abrazos y fotografías.
Muchos han pedido días libres en sus trabajos. Otros llevaban meses implicados en la organización.
Para contar su experiencia, dos de ellos tomaron la palabra.Nuño Adam Castrillo, responsable del desarrollo de la plataforma de voluntarios y padre de ocho hijos, intentó responder a una pregunta que le ha acompañado durante toda la preparación de la visita: por qué alguien decide ser voluntario. "No hay un cálculo detrás.
No esperamos nada a cambio", explicó. "Hay una certeza callada: la de saber que estás haciendo lo correcto".
Recordó que la organización esperaba reunir a 10.000 personas y que finalmente se apuntaron más de 18.000. "Cuando en mi trabajo me preguntaban por qué estaba tan ocupado, respondía con orgullo: estoy de voluntario en la visita del Papa".Reuniones interminables, desacuerdos, cansancio Junto a él intervino Mercedes, integrante del equipo organizador de uno de los grandes actos de la visita.
Su testimonio giró alrededor de una idea repetida durante estos meses: que cada detalle estuviera orientado a facilitar un encuentro auténtico con Cristo y con la Iglesia. Habló de reuniones interminables, desacuerdos, cansancio y aprendizaje.
"Estos meses han sido una escuela de humildad", confesó. Y resumió la experiencia como un regalo: "Lo que doy a la Iglesia no es más que una ínfima restitución del don que se me ha dado".A las 10.10 horas llegó el momento más esperado.
León XIV apareció entre una larga ovación y se dirigió directamente a los voluntarios para agradecerles el trabajo realizado. "Este encuentro es el último de la etapa madrileña de mi viaje apostólico", inició.
"Pero me alegra mucho que sea con vosotros". El Papa construyó toda su intervención alrededor de una palabra que había sobrevolado también otros momentos de su visita: la gratuidad.
Agradeció a los miles de voluntarios que han ofrecido tiempo, talento y esfuerzo y recordó que muchos habían reorganizado sus vacaciones o dedicado meses enteros a la preparación de los actos.La gratuidad, "la levadura que hace fermentar la masa""Habéis entregado corazón, manos, ideas, talentos, sonrisas", les expresó. Después recurrió a una imagen evangélica para explicar el sentido de ese servicio silencioso: "la levadura que hace fermentar la masa".
Según León XIV, la gratuidad constituye una de las aportaciones más necesarias en un mundo "dominado por la lógica del beneficio y del interés inmediato". "Los cristianos están llamados a llevar al mundo la levadura de la gratuidad", aseveró.Durante varios minutos insistió en que el trabajo de los voluntarios había sido precisamente un signo visible de esa lógica evangélica.
Una labor que probablemente no aparecerá en las estadísticas, pero que deja huella. "Quizás las estadísticas no lo registren", reconoció, "pero sabemos que en estos días, también gracias a vosotros, esta ciudad ha crecido y está más cerca del Reino de Dios".
La despedida institucional corrió a cargo del cardenal José Cobo, arzobispo de Madrid, que eligió la palabra "gracias" como hilo conductor de su intervención. Cobo destacó que quizá "lo más evangélico" de la visita no ha sido lo que se ha visto en las pantallas o en los escenarios, sino "la cantidad de amor escondido que la remarcó".El arzobispo también agradeció a León XIV haber ayudado a la Iglesia madrileña a "alzar la mirada" y recordó que el paso del Pontífice por la capital deja procesos abiertos y una renovada conciencia de comunión.
"Seguimos caminando como diócesis, siendo más pueblo gracias a su paso entre nosotros. Nos has dejado mucho trabajo de siembra", aseveró.
Al término del acto, los aplausos volvieron a llenar el pabellón. Luego de esto, León XIV bendijo varias primeras piedras de futuras iglesias y le regaló a la Archidiócesis de Madrid un cáliz.
Por último, rezó su último Padre Nuestro antes de marchar a Barajas, donde despegará a las 11.10 hacia su próximo destino: Barcelona.
Information from 20 Minutos. Edited by: Noticias Today.
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