Perros y aulas: el proyecto que utiliza el vínculo animal para ayudar a niños con dificultades

Son cada vez más los profesionales de la infancia que alertan de un aumento de las dificultades de regulación emocional, impulsividad, ansiedad, problemas de interacción social y baja tolerancia a la frustración en niños y adolescentes. En respuesta, muchos colegios, terapeutas y familias buscan herramientas capaces de generar espacios más seguros y menos invasivos para menores que, en muchos casos, viven el entorno educativo desde el estrés constante o la sobreexigencia.En esta línea de pensamiento nace en Madrid un nuevo proyecto piloto de intervención emocional y educativa asistida con perros impulsado por Eva Revuelta junto a Mariana Lombardo y Sorangui “Angie” Márquez.
Lejos de plantearse como una simple actividad recreativa con animales, el programa utiliza el vínculo con el perro como herramienta facilitadora dentro de sesiones estructuradas y supervisadas profesionalmente para trabajar comunicación, regulación emocional, participación grupal y habilidades sociales.Mucho más que 'estar con perros'Una de las ideas sobre las que más insisten las responsables del proyecto es que el animal no funciona como entretenimiento ni como una supuesta “terapia mágica” capaz de resolver problemas por sí sola. El perro actúa como mediador emocional dentro de una intervención organizada y diseñada previamente.“La principal diferencia es que no se trata de una actividad recreativa en la que los niños simplemente están con perros”, explica Mariana Lombardo, licenciada en fonoaudiología y máster en trastornos del lenguaje. “El perro no es el entretenimiento ni el objetivo final de la actividad, sino un facilitador emocional y relacional dentro de una intervención estructurada, planificada y guiada por profesionales”.Cada sesión cuenta con objetivos concretos y observación continua.
Las dinámicas se adaptan constantemente al perfil de los participantes y trabajan áreas relacionadas con la comunicación funcional, la regulación emocional, la atención sostenida, las habilidades sociales, la autonomía o la tolerancia a la frustración.“El verdadero trabajo está en cómo se diseñan las dinámicas, cómo se acompaña al niño y cómo esas experiencias se transforman en objetivos funcionales y significativos para su vida cotidiana”, añade M. Lombardo.El perro no corrige, no exige, no compara y no juzgaUn espacio menos invasivo y libre de juicioEl origen del proyecto está ligado tanto a la experiencia profesional como a una vivencia personal de Eva Revuelta, impulsora y coordinadora de la iniciativa.
Luego de años trabajando cerca de proyectos sociales, infancia y discapacidad, inició a observar cómo muchos menores necesitaban espacios donde sentirse seguros y aceptados sin presión constante.“Viví una experiencia personal complicada en la que el vínculo con mi perro, Golfo, tuvo un impacto emocional muy importante en mí”, explica E. Revuelta. “Empecé a investigar muchísimo sobre intervención asistida con animales y a observar cómo el vínculo con el perro facilitaba regulación, conexión y participación también en otros niños”.
A partir de ahí decidió desarrollar el proyecto junto a Marina Lombardo y Angie Márquez, terapeuta ocupacional especializada en psicomotricidad y neuroeducación.El programa parte de la premisa de que para muchos niños la interacción con un perro resulta menos invasiva que la relación directa con otros adultos o iguales. “El perro no corrige, no exige, no compara y no juzga”, señalan las responsables. “Y eso modifica completamente la manera en la que muchos niños se relacionan con el entorno y consigo mismos”.Cómo se organiza una sesiónLas sesiones siguen una estructura muy clara y altamente previsible, ya que muchos menores con dificultades de regulación emocional necesitan anticipar lo que va a ocurrir para reducir la ansiedad y poder participar de forma segura. Según explica Angie Márquez, cada encuentro suele dividirse en varios momentos diferenciados: bienvenida y conexión inicial, dinámicas grupales, actividades funcionales guiadas junto al perro y un cierre tranquilo y regulador.“La previsibilidad reduce la ansiedad, facilita la comprensión de lo que va a ocurrir y favorece una participación más activa y espontánea”, detalla la terapeuta.Durante las actividades se trabajan cuestiones muy concretas, como esperar turnos, seguir instrucciones, colaborar con otros niños, tolerar pequeñas frustraciones, participar en grupo o comunicarse de forma funcional.
Muchas veces las dinámicas incluyen tareas aparentemente sencillas, como acompañar al perro, cepillarlo, preparar materiales o colaborar en pequeños cuidados.Los pequeños cambios que más impactanLas responsables explican que los avances más significativos no suelen aparecer en grandes gestos espectaculares, sino en modificaciones pequeñas pero muy relevantes para el día a día de los niños. “Niños que inicialmente no querían participar y terminan implicándose en la actividad. Otros que consiguen esperar un turno, acercarse al grupo, iniciar interacción o mostrar una calma que normalmente les cuesta mucho mantener”, relata Eva Revuelta.Muchas de esas mejoras tienen relación directa con la sensación de seguridad que genera el entorno. “Creo que el vínculo con el perro genera un espacio donde desaparece mucho la sensación de juicio y exigencia, y eso permite que aparezcan capacidades que a veces estaban bloqueadas”, añade.En la actualidad participan menores con perfiles muy diversos, especialmente relacionados con dificultades de regulación emocional, comunicación, atención e interacción social.
Las profesionales subrayan, asimismo, que intentan alejarse de una visión centrada exclusivamente en diagnósticos clínicos.“Nuestro enfoque intenta precisamente adaptarse a las necesidades funcionales de cada grupo y no centrarse únicamente en etiquetas diagnósticas”, explica Marina Lombardo.Golfo, el perro que participa en las sesionesUno de los protagonistas del proyecto es Golfo, el golden retriever que participa en las dinámicas. Su papel consiste en facilitar la interacción y ayudar a construir un clima emocional más calmado y seguro. “Golfo tiene un temperamento especialmente equilibrado, tranquilo y sociable, algo fundamental para este tipo de trabajo”, explica E.
Revuelta.No obstante, las responsables recalcan continuamente la importancia de proteger también el bienestar del animal, de manera que las sesiones son limitadas, estructuradas y supervisadas para detectar señales de cansancio, estrés o incomodidad.“El animal nunca está expuesto a situaciones de estrés mantenido ni participa en dinámicas que puedan sobrepasarle emocionalmente”, afirma Eva Revuelta. “Entendemos la intervención siempre desde el bienestar de todas las partes implicadas, incluido el animal”.Una necesidad cada vez más visible en la infanciaLas tres profesionales consideran que el aumento de este tipo de intervenciones está relacionado con cambios cada vez más evidentes en la infancia y adolescencia actual: “Observamos un aumento significativo de las dificultades relacionadas con la regulación emocional, la tolerancia a la frustración, la ansiedad, la impulsividad o los problemas de interacción social”, explica Mariana Lombardo.Asimismo, aseguran que estas dificultades ya no aparecen únicamente en menores con alteraciones del neurodesarrollo o necesidades específicas claramente identificadas.“Muchos niños están creciendo en contextos con altos niveles de exigencia, sobreestimulación, rapidez y poca disponibilidad real para el descanso emocional o la conexión interpersonal tranquila”, añade la especialista. “Eso termina impactando en su capacidad para autorregularse, sostener la frustración o relacionarse de manera saludable”.ObjetivoAunque el piloto se desarrolla en la actualidad en un entorno reducido y controlado, las impulsoras quieren seguir ampliando el proyecto hacia colegios, programas de convivencia escolar y espacios vinculados al bienestar emocional infantil. Entre los objetivos futuros se encuentran el desarrollo de herramientas para trabajar regulación emocional, habilidades sociales, prevención del bullying y participación grupal.“Creemos que cada vez existe una mayor necesidad de proyectos que combinen vínculo emocional, estructura profesional y acompañamiento humano dentro del ámbito educativo”, concluye Eva Revuelta.
Information from 20 Minutos. Edited by: Noticias Today.
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