Nunca hasta este lunes habrá figurado el Congreso en el prime time de los medios internacionales, a no ser en el inolvidable 23-F de dramática imagen, la asonada militar que prestó de rebote un brillo impensado a la reciente democracia del 78, cuando empezaba a cosechar el primer desencanto hacia sus promesas. El gesto inesperado del Vaticano –fue una idea no gubernamental– ha igualado al Parlamento español con el británico, al que el pontífice Ratzinger ya presentó en el 2010 los beneficios que trae la perspectiva cristiana al debate político.Seguir leyendo...