David Carrillo: "Tenemos que encontrar pequeños actos revolucionarios para volver a escucharnos"

El duelo de Javier Echevarría: “Vi cómo la vida se iba de ella y me dejó un frío en el pecho que me duró semanas”Actor, cantante y bailarín peruano Rodrigo Calderón se abre paso en Madrid, Nueva York y WashingtonCuatro amigos vuelven a reunirse después de décadas. El motivo no es una celebración ni un reencuentro planeado con nostalgia, sino la enfermedad de uno de ellos.
Abel ha sufrido un accidente cerebrovascular que ha limitado severamente su capacidad para comunicarse, obligando a Olga, Rosa y Hugo a regresar a una casa cargada de recuerdos, silencios y asuntos pendientes. Esa es la premisa de “Los cuatro letras”, la nueva obra escrita y dirigida por David Carrillo que llega al Teatro Racional.La comedia dramática encuentra en una aparente limitación su principal motor narrativo.
A través de un juego de Scrabble restringido a palabras de cuatro letras, los personajes intentan reconstruir conversaciones, afectos y versiones de sí mismos que parecían haber quedado atrapadas en el pasado. Cada palabra abre una puerta hacia aquello que el tiempo ha transformado, ocultado o dejado inconcluso.Aunque la obra recién llega a escena este año, Carrillo asegura que la idea lo acompaña desde hace mucho tiempo.
Inició a tomar forma mientras gestionaba una pequeña sala teatral en Barranco y pensaba incorporarla a su programación de 2020. La pandemia interrumpió esos planes y el proyecto quedó suspendido durante varios años, creciendo en apuntes, reflexiones y cuadernos de trabajo hasta encontrar el momento adecuado para concretarse.Detrás de la ficción también existe una experiencia profundamente personal.
Por un lado, el dramaturgo recupera los años que pasó en Estudios Generales Letras de la Pontificia Universidad Católica del Perú, una etapa que recuerda como decisiva en su formación intelectual. Por otro, aparece la figura de un tío que sufrió afasia luego de un accidente cerebrovascular y cuya dificultad para comunicarse terminó inspirando parte de la reflexión sobre el lenguaje y la memoria que atraviesa la obra.Volver a encontrarseMás allá de la enfermedad de Abel o de los juegos de palabras que articulan la puesta en escena, a Carrillo le interesaba explorar qué ocurre con aquellas amistades que consideramos fundamentales cuando los años pasan y la vida nos obliga a tomar caminos distintos.
Para el director, los vínculos fundacionales conservan una fuerza particular incluso cuando la distancia parece haberlos debilitado. Después de todo, asegura, “yo lo que tengo claro es que esos cuatro tipos se quieren.
La querencia no está en duda”.La obra también dialoga con una experiencia generacional específica. Carrillo pertenece a ese grupo que creció entre dos mundos: uno analógico y otro digital.
Vivió la transición del teléfono fijo al celular, del VHS al streaming y de las reuniones presenciales a la comunicación permanente a través de pantallas. “Somos esa generación cuya mitad de juventud fue analógica y la otra mitad digital”, afirma, convencido de que esa condición de bisagra ha transformado profundamente la manera en que las personas construyen y sostienen sus relaciones.No obstante, la facilidad para comunicarse no necesariamente se traduce en una mayor cercanía. A juicio del dramaturgo, las redes sociales han introducido una lógica donde los vínculos parecen medirse cada vez más por cifras que por experiencias compartidas. “Creo que el problema es el cuánto.
El cuánto es la mayor preocupación”, señala al referirse a una época donde seguidores, visualizaciones y reacciones suelen convertirse en indicadores de valor personal y social.Frente a esa dinámica, “Los cuatro letras” propone un gesto aparentemente simple: detenerse. Sentarse alrededor de una mesa, conversar, recordar y escuchar.
En ese sentido, Carrillo considera que sus personajes realizan una suerte de resistencia cotidiana frente a la velocidad contemporánea. “Siento que están haciendo un pequeño acto subversivo: invertir un sábado en la tarde para escucharse”, explica sobre una reunión que termina revelando tanto las heridas como los afectos que sobreviven al paso del tiempo.LEE MÁS: El duelo de Javier Echevarría: “Vi cómo la vida se iba de ella y me dejó un frío en el pecho que me duró semanas”Esa misma idea atraviesa su concepción del teatro. En una época marcada por las interrupciones constantes y la necesidad de permanecer conectados, Carrillo encuentra en el escenario un espacio cada vez más excepcional. “El teatro sigue siendo un espacio donde el tiempo se congela un rato”, sostiene.
Mientras los personajes de “Los cuatro letras” intentan reconstruir una amistad a partir de palabras fragmentadas, la obra plantea una pregunta que trasciende la ficción: cuánto tiempo dedicamos realmente a escuchar a quienes alguna vez fueron esenciales en nuestras vidas.
Information from El Comercio (Perú). Edited by: Noticias Today.
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