Otro que se perderá el Mundial

Aquí entre nos, anuncia un vecino que es parte de nuestra pandilla, aposté a que no veré el Mundial. Desde luego, sigue, voy a hacer hasta lo imposible para ganar la apuesta; ya comencé por no pagar la luz y vendí el televisor, aunque será difícil abstenerme porque lo que se exige de mí consiste en no hacer, y si algo va contra mis inclinaciones futboleras es no hacer lo que, francamente, me muero de ganas de hacer.¿A cuenta de qué?, pregunta un tercero a mi vecino, mientras entre todos revisamos de nuevo el calendario del certamen hasta donde puede preverse, para ir organizando cómo zafarle el lomo al trabajo y dedicar nuestro tiempo a ver pelotazos.
He acabado por pensar, contesta mi vecino, que el Mundial, como pasó con los Juegos Olímpicos de Berlín del año 36 del siglo pasado, anteriores al comienzo de la vida consciente de cualquier humano de nuestros días, no solo es una justa deportiva: desde meses atrás se le inoculó al certamen el virus que lo podría convertir en un acontecimiento con significación política, en un telón de boca para tapar la vista desde el patio de butacas y disimular el bache bélico que tiene a la economía global de vuelta y media, pendiendo de un hilo. Asimismo, agrega, he decidido coincidir con Claudia Piñeiro: a raíz de la vuelta a su país de la selección argentina después de ganar el Mundial de Catar 2022, decía no tener dudas de que, a instancias del fútbol, no se debe avalar que ningún país que restringe los derechos de las personas limpie su imagen.
¿Vos tomás en serio a Claudia Piñeiro?, objeta otro, acostumbrado a no coincidir con nadie. A ella, dice, la traumó un golpe de efecto la noche que fue a escuchar el recital de Sting en la cancha de River, me parece que en diciembre de 1987; cuando la gente estaba más entretenida cantando y bailando, muy lejos de pensar en los crímenes de la dictadura que las leyes habían preferido olvidar, bajó la intensidad de la luz y marcharon en círculo las abuelas de los desaparecidos, mientras el británico cantaba “Ellas bailan solas”…Sale del ensueño y termina: yo voy a ver el Mundial, es un espectáculo, nuestro espectáculo; la política está en otra parte.carguedasr@dpilegal.comCarlos Arguedas Ramírez fue asesor de la Presidencia (1986-1990), magistrado de la Sala Constitucional (1992-2004), diputado (2014-2018) y presidente de la Comisión de Asuntos de Constitucionalidad de la Asamblea Legislativa (2015-2018).
Es consultor de organismos internacionales y socio del bufete DPI Legal.
Information from La Nación (Costa Rica). Edited by: Noticias Today.
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