Horacio Ochoa, el fotógrafo que capturó el Cusco como pocos y cuyo legado (por tanto tiempo ignorado) vuelve a renacerSarah Bernhardt, la diva que cobró una fortuna en soles de plata para presentarse en el Perú y paralizó la capital luego de la guerra con Chile¿Por qué el fútbol se ha convertido en una pasión universal? Es más que un hecho deportivo, y con frecuencia se convierte en motivo de una explosión social y cultural.

Podemos sugerir algunas explicaciones.MIRA: Te leo como un libro, por Irene VallejoEl fútbol libera nuestros instintos homicidas. En un tiempo en el que las guerras ya no son deseables, carecemos de los canales de liberación de nuestras pulsiones destructivas.

La necesidad natural de destruir al rival en el interior de una tribu encuentra una vía de expresión en el fútbol. Como vivimos en un tiempo sin guerras, necesitamos reemplazarlas.

Hay términos comunes al fútbol y a la guerra como “disparo”, “atacantes”, “estrategia” y otros. Por eso también nos da héroes, esa especie en extinción en otros ámbitos.

El fútbol es una guerra con reglamento. Algunos se pintan la cara y llevan banderas en las tribunas.

Gritan, vociferan, protestan en la tribuna, lo que no pueden hacer en su vida. El grito es una expresión de la guerra que nos vende una ilusión absurda.

Si el equipo de su país gana, es porque sus habitantes son superiores.Por eso los duelos con una historia bélica tienen un sentido absurdo. Cuando España le ganó a Inglaterra uno a cero en el Mundial del año 1950, el presidente de la Federación Española de Fútbol, Armando Muñoz, le dedicó un mensaje al caudillo Francisco Franco: “Hemos vencido a la pérfida Albión”.

Se refería a la Gran Bretaña y a la historia de guerras con ese país. En cierto sentido también, el fútbol ritualiza las luchas de la vida.

A diferencia de los deportes donde se marcan puntos muy rápido, en el fútbol el gol es un hecho excepcional. Hay que luchar mucho para lograrlo.

Quizá nos recuerda unas vidas en las que la lucha diaria no da resultados y solo de vez en cuando podemos advertir algún logro importante. Un estupendo artículo de Alfonso Tealdo que leí en mi infancia comparaba los fallos injustos de los árbitros con las injusticias de la vida.Pero el fútbol también nos hace olvidar la vida.

Crea un espacio y un tiempo propios que nos hace ignorar el tiempo y el espacio en el que vivimos. Nos secuestra en una realidad ficticia más simple que la realidad.

No importa si los partidos se juegan de día o de noche. El tiempo del reloj es reemplazado por el del partido.

No es de extrañar por eso que muchos artistas y poetas hayan sido aficionados al fútbol, pues el arte hace una operación similar al juego. En su estupendo y reciente libro “Héroes numerados”, Juan Villoro repasa los elementos del juego y se refiere a la pelota (“el talismán de los héroes”) como aquello que expresa “las inalcanzables ilusiones de la especie”.La historia empezó el 26 de octubre de 1863, en la Freemason Tavern de Londres.

Fue entonces cuando un grupo de representantes de universidades y colegios redactó el primer reglamento de un deporte que prohibía el uso de las manos. Al comienzo tenía un solo sentido.

Era una separación del rugby.Más de siglo y medio después, convertido en un teatro de pulsiones individuales y colectivas, el fútbol abre una nueva franja temporal. Hay que verlo y vernos en esos estadios modernos: las salas de televisión.

Los partidos se prolongan en un tercer tiempo, cuando seguimos hablando de ellos. Un ritual feliz y bárbaro, que se renueva.