Iluminaciones y sacrificios: nuestra reseña de "Ochenta días", de Enrique Prochazka

Mario Bellatin: “Una biblioteca es un espacio de convivencia”Patti Smith gana el premio Princesa de Asturias de las Artes 2026Hace ya mucho que Enrique Prochazka (Lima, 1960) ha instalado su nombre entre los más importantes cultores peruanos de la narrativa fantástica y de ciencia ficción. Desde sus primeros cuentos, reunidos en “Un último desierto” (1997), pasando por su notable novela “Casa” (2004) y prosiguiendo con “Ocho cuentos de tampocos y todavías” (2020), Prochazka ha perfilado una propuesta muy particular, ajena a las corrientes dominantes e indiferente a las modas editoriales.
Aunque sus libros en apariencia son bastante distintos entre sí, al leerlos a profundidad encontramos ciertos aspectos que los hermanan y les infunden una coherencia subterránea.MIRA: Sarah Bernhardt, la diva que cobró una fortuna en soles de plata para presentarse en el Perú y paralizó la capital luego de la guerra con ChileEstamos ante un autor dueño de un universo construido por sofisticados referentes –que van mucho más allá de la influencia borgiana que se le achaca casi por reflejo–, pero también por fijaciones que se reiteran y edifican territorios tan atractivos como hostiles. El primer territorio es el de la naturaleza, que seduce a sus víctimas para luego reclamarlas y suprimirlas; luego, el de la tecnología, que se ofrece como vehículo del conocimiento capaz de explicar el turbulento mundo que habitamos, para después destruir a quienes han llegado demasiado lejos en sus averiguaciones.
Los personajes de Prochazka parecen estar siempre suspendidos entre ambas tentaciones, en apariencia contradictorias, que terminan por confabularse como muros de un callejón sin más salida que una inmolación que no admite derrotas o claudicaciones.Leyendo su último libro, “Ochenta días”, advertimos con más claridad otra tendencia de los cuentos de Prochazka: el coherente tratamiento de sus protagonistas femeninas, casi siempre retratadas como autónomas, fuertes e inteligentes. En “Kali”, relato de “Ocho cuentos”, encontrábamos a la afroperuana Lucía Basombrío, que mostraba ese cariz y se imponía como decisiva ante las amenazas que enfrentaban sus compañeros de misión.
Aquí, desde el primer cuento, “Lucrezia y el ojo de vidrio”, coincidimos con una figura similar: la de una luchadora de artes marciales, de raigambre cosmopolita, cuya compleja circunstancia se nos revela mientras el autor nos invita a resolver la ecuación de recuerdos y sentencias que envuelven sus secretos vitales.“Las figuras allá abajo” opera como una variación de “Lucrezia” –hay que tener en cuenta que Prochazka trabaja siempre imbuido en un juego de espejos y alternancias–, a través del destino de una profesora de primaria, sabedora de los misterios prehispánicos, que se halla en una situación límite al toparse con un extraño descubrimiento. Algo similar puede decirse de “Caleta Yungay”: la historia de una mujer decidida y de fuerte personalidad que en un instante de peligro confronta la trivialidad y la crisis de su vida matrimonial ante un desafío natural donde solo sobreviven los más aptos.
Estos relatos son lo mejor del volumen, dignos de aparecer en cualquier antología seria del autor.Si bien uno de los méritos de Prochazka es eludir la complacencia y retar al lector, hay cuentos como “Combustión interna” y “Páginas de Guido” en los que la frialdad de los múltiples detalles geológicos y científicos puede resultar abrumadora y restar persuasión a lo contado. Son riesgos que se asumen con la vocación de quien busca interlocutores leales, actitud esperable en un escritor riguroso, sobradamente culto e inconforme.
No hay deslumbramiento sin sacrificio, parece querer decirnos Prochazka. Desde aquí le damos la razón.
Information from El Comercio (Perú). Edited by: Noticias Today.
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