Manuel y Carla se atropellan para explicar la historia de su hija, que es también la suya: Berta, de 4 años, nació con atresia de esófago y sin pulgares en sus manos, signos junto a otros síntomas de un diagnóstico que llegó al mes de vida, el de la anemia de Fanconi. Enfermedad hereditaria, con una frecuencia de 1 cada 300.000, muy poco frecuente, afecta principalmente a la médula ósea, consiste en generar una disminución importante en la producción de las células sanguíneas y en el caso de Berta se traduce hoy en día en que su nivel de plaquetas en sangre pase de 170.000 a 45.000, por citar un ejemplo de una de las cifras que glosan sus informes médicos. “Su cuerpo ha aprendido a vivir con ese cansancio, y aún no está en situación crítica, pero ya ha llegado el momento de plantear el trasplante”, cuentan, muy didácticamente, con mucho cariño, sus padres.

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