Javier Aguirre, el bombero del Tri

Javier Aguirre revela que un juego de futbol lo disfruta de la misma forma que lee un libro: sin sobresaltos. Pero el deporte que lo transforma en un verdadero fanático a nivel hooligan es el beisbol.
Una paradoja del actual técnico de la Selección Mexicana, quien también bromea con sus problemas de identidad: “En México me dicen Vasco y en España soy el mexicano”. Aguirre nació cinco meses después de que Pelé levantó su primera Copa del Mundo en Suecia 1958.
De niño jugaba a ser beisbolista en la Liga Lindavista, pero un pelotazo, que le pegó de lleno en la boca, lo llevó a colgar el guante de tercera base. La esquina caliente no era para él y el futbol lo apapachó.
Ahora a sus 67 años y, sin haberlo planeado, está a unos días de enfrentar su tercera participación como seleccionador en la máxima justa. “Mis padres eran españoles y huyeron de la guerra para venirse a México, yo soy el cuarto de cinco hermanos y todos nacimos en México. Mi madre era pianista y mi padre campesino, a los 17 años lo agarraron para la guerra y le dieron un rifle, luego fue comerciante”, cuenta sobre sus orígenes.
La familia Aguirre Onaindía se instaló en la colonia Lindavista en la Ciudad de México. “Yo iba al beisbol en el Parque del Seguro Social y me sentaba en el lado de tercera base, siempre fui tigre. Me gustaba mentarle la madre a Cananea Reyes (mánager de los Diablos Rojos).
Siempre fui aficionado de Tigres hasta que se fueron a Puebla y luego a Cancún”, recuerda. El gol de Manuel Negrete de media tijera en el Mundial de 1986 y que es considerado como uno de los más bellos de la historia, contó con la intervención de Javier Aguirre, quien le cedió el balón al mediocampista.
El Vasco, lejos de ponerse el traje de héroe, acepta con sinceridad que le dio un pase muy malo, pero que el zurdo definió con maestría. De aquel jalón de cabello que le dio a Negrete en la celebración, todo salió desde el vestidor.
El mediocampista mexicano estaba desesperado de que no había hecho un buen torneo y su sueño era que lo vieran para que pudiera irse a jugar a Europa. El Vasco le aconsejó que buscara hacer alguna jugada por la que pudiera ser recordado.
Ya en el partido, al observar desde primera fila aquella joya, reaccionó de esa forma como reconocimiento y apoyo a su compañero. El Vasco Aguirre vivió una emoción similar en el tiempo que era técnico de la selección de Japón.
Uno de sus jugadores metió un gol importante y el mexicano, en su máxima alegría, le dio un jalón de cabello. “Al otro día tuve que salir a disculparme porque se había hecho un alboroto, lo consideraban como un acto violento”. La historia del Vasco en el futbol inició con las cascaritas en las calles.
De ahí pasaron a un equipo formal el cual fue armado por un vecino de origen salvadoreño junto con el papá de Javier. En aquellas canchas del deportivo Miguel Alemán, donde jugaban, un señor se le acercó para invitarlo a probarse en el América.
El entonces joven de 16 años, no tenía idea del futbol profesional. Sus hermanos mayores le iban al Toluca, pero él no tenía un equipo favorito.
Viajó en Metro y luego en tranvía para llegar a su destino en Coapa. La sorpresa es que no era una prueba personal, decenas de adolescentes buscaban convencer a los visores del América.
El padre de Javier fue claro: “No quiero una fotografía tuya en algún periódico deportivo, quiero una foto tuya en un título profesional”. Aguirre, quien estudió la carrera de administración de empresas en la Universidad Iberoamericana, forjó su carácter en las calles.
No faltaba que alguno de los jóvenes con los que se juntaba lo molestara con apodos despectivos. Lo llamaban ‘güerito’ o ‘el españolito’.
Lo que llegó a desatar peleas que moldearon su carácter. Con el América logró el gol más importante en su carrera en la final que le ganaron a Chivas en la temporada 1983-84, luego fue cambiado al Atlante equipo al que representó cuando fue el Mundial de 1986.
Chivas marcó su adiós, aunque todavía fue convocado por César Luis Menotti a la selección. Su retiro como jugador fue ante Pumas en 1993, el Vasco ya había recibido una llamada de Miguel Mejía Barón para que se integrara a su cuerpo técnico de la Selección Mexicana rumbo al Mundial de Estados Unidos 1994.
Ya como entrenador tuvo al Atlante como primera experiencia, los resultados no lo acompañaron, aunque dejó una buena impresión. José Antonio García convenció a Alejandro Burillo para que enviaran al Vasco a prepararse a Europa.
Al regresar a México, los Potros tenían a Mejía Barón como técnico y entonces fue el Pachuca que le brindó la oportunidad. Con los Tuzos estuvo a punto de descender al equipo, pero lo salvó en las últimas jornadas.
A pesar de esa amarga experiencia, la directiva hidalguense decidió darle continuidad. En el siguiente torneo, el Invierno 1999, Pachuca consigue el primer título en su historia al vencer a Cruz Azul.
Javier Aguirre considera que tres entrenadores lo marcaron en su carrera. El neerlandés Rinus Michels, el padre del Futbol Total con la Naranja Mecánica y considerado como uno de los mejores técnicos de la historia, fue uno de ellos.
El Vasco fue dirigido por él en su paso por el futbol estadunidense con el equipo Aztecas. La exigencia era tan fuerte que el mexicano lloraba y pensaba ya no seguir a sus 20 años.
Pero al final le dejó un cúmulo de conocimientos como el achicar la cancha y que los jugadores puedan cubrir varias posiciones. Entre otros técnicos que lo inspiraron está el argentino César Luis Menotti, campeón del mundo con Argentina 1978 y de los mexicanos, Nacho Trelles.
El primer equipo formal en el que jugó Javier Aguirre se llamaba El Salvador, nombre que portaba con orgullo en su uniforme. Esa anécdota resultó un presagio, ya que el Vasco se convirtió en un auténtico salvador para la Selección Mexicana en su primera experiencia como entrenador en la clasificación para el Mundial de Corea-Japón 2002.
El Tri era una papa caliente con el fantasma de no clasificar al Mundial. En puerta estaba el juego clave ante Estados Unidos en el Estadio Azteca, que marcaría su estreno.
Aguirre fue práctico, con poco tiempo para observar jugadores, convocó a la mayoría de elementos del Cruz Azul, que por ese tiempo había tenido una gran Copa Libertadores. Era La Máquina reforzada con jugadores como Jared Borgetti. “El torneo mexicano vivía un momento inapropiado para nosotros, había equipos que estaban de vacaciones y otros que se encontraban en la segunda fase de la pretemporada.
El Cruz Azul estaba en forma porque se estaba jugando la vida en la Copa Libertadores, vivía un momento anímico muy importante, por eso llamé a siete elementos de La Máquina”, explica Aguirre sobre aquella decisión. El Vasco transformó la figura del entrenador de la Selección Mexicana.
La seriedad en las conferencias se transformó en lo más parecido a un centro de reunión entre amigos. Javier Aguirre pedía que lo tutearan, “señor no, porque el señor está en los cielos”.
Fue un momento de cambio en el Tri y en la cancha también se vio bien reflejado con los jugadores. El Tri ganó ese importante encuentro 1-0 sobre Estados Unidos y se encaminó para conseguir el ansiado boleto al Mundial.
Corea-Japón 2002 se convirtió en un duro golpe de madrugada que acabó con los sueños de los aficionados que veían a aquella Selección Nacional para llegar a fases jamás alcanzadas. La triste realidad es que Estados Unidos eliminó a México con marcador de 2-0.
El idilio con la afición se enfrió al conocerse que Javier Aguirre había concretado, en plena Copa del Mundo, su llegada como entrenador al Osasuna de España. El Vasco inició su carrera en Europa, pero luego fue llamado otra vez como bombero del Tri para el Mundial de Sudáfrica 2010.
Aquella Selección sólo tuvo destellos, pero lo más recordado fue la conferencia de prensa previa al duelo ante Argentina de octavos de final. Javier Aguirre sorprendió al aparecer con un rostro derrotado y que se escondía bajo la visera de la gorra.
La Selección no llegó al quinto juego. Javier Aguirre ha tenido sus episodios oscuros como entrenador, si bien se le recuerda por llevar al Osasuna por primera vez a una Champions League y salvó varios equipos del descenso como el Mallorca, su éxito más reciente.
También tuvo un paso complicado con uno de los grandes, el Atlético de Madrid. Asimismo, estuvo envuelto en el escándalo por el supuesto amaño de resultado para salvar al Zaragoza del descenso en un juego ante el Levante que abrió una investigación en España.
Si bien quedó absuelto en 2019 por falta de pruebas, le costó el puesto como entrenador de la selección de Japón. En su segundo periodo al frente de la Selección Mexicana le dio una patada al jugador panameño Ricardo Phillips en un juego de la Copa Oro 2009.
Tuvo un paso breve con la selección de Egipto de 2019, si bien tuvo una efectividad del 77 por ciento dejó el puesto luego de la eliminación de la Copa Africana. Con el Monterrey fracasó en el Mundial de Clubes, lo que ocasionó que los aficionados le recriminaran los resultados.
Por ese tiempo también fue centro de polémica por aparecer en una fiesta en plena pandemia de covid-19 y se divertía en una boda con un baile a ritmo de la canción Payaso de Rodeo. Fue multado, pero luego retomó ese baile en la celebración al ganar la Concachampions 2021.
También dio una declaración en 2010 a una radio española de que México “estaba jodido” por la inseguridad y que no podía andar tranquilamente por la calle. Ahora llega a su tercera experiencia mundialista, otra vez ante los malos resultados que llevaba Jaime Lozano como entrenador.
Si bien México tenía su boleto al Mundial asegurado al ser uno de los anfitriones, el deseo es contar con un equipo que hiciera soñar. Javier Aguirre acepta que es un privilegio el tener la oportunidad de otro Mundial en su país, ahora como entrenador.
Algo que pocos podrán presumir como jugador y técnico. El Vasco ha llegado como un salvador y espera ahora sí, superar el famoso quinto partido.
Information from Excélsior (México). Edited by: Noticias Today.
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