"El problema nunca será que Mónaco sea demasiado antiguo": Daniel San Román y el dilema que puede definir el futuro de la Fórmula 1

Jairo Vélez, el goleador de la era Manezes que nació a 500 km de la frontera con Tumbes y hoy paga su llamado con una efectividad de 100%¿A qué hora ver repetición del partido de Perú vs Haití (2-1) por amistoso FIFA?Hay circuitos que forman parte del calendario y hay otros que parecen formar parte de una religión. Mónaco pertenece a esa segunda categoría.
Cada año, cuando llega el fin de semana del Principado, reaparece el mismo debate. Que ya no se puede adelantar.
Que las carreras son aburridas. Que el espectáculo es mejor en otros circuitos.
Que la Fórmula 1 moderna merece algo diferente. Y, no obstante, cada año Mónaco sigue ahí.
Como esas viejas catedrales que sobreviven a las ciudades que crecieron a su alrededor. Tal vez porque el verdadero valor de Mónaco nunca estuvo en los adelantamientos.LEE: Barcos, la historia detrás de su llegada a Cristal, por qué se resolvió en tiempo récord y qué implica fichar a un goleador de 42 años por seis mesesMientras la Fórmula 1 ha cambiado de motores, dueños y reglamentos, las calles del Principado han permanecido prácticamente iguales.
La horquilla de Fairmont sigue pareciendo demasiado estrecha para cualquier monoplaza moderno. Mónaco no evolucionó.
Fue la Fórmula 1 la que evolucionó a su alrededor. Por eso resulta tan interesante observar lo que está ocurriendo hoy, porque por primera vez en mucho tiempo parece existir una tensión real entre el circuito más tradicional del calendario y la categoría más moderna de su historia.
Una especie de choque entre dos formas distintas de entender el automovilismo. De un lado, un trazado que premia la precisión, la paciencia y la capacidad de convivir con el error a centímetros de distancia.
Del otro, una Fórmula 1 cada vez más orientada hacia la eficiencia energética, la sostenibilidad, la tecnología y el espectáculo global.Durante décadas, la principal crítica contra Mónaco fue siempre la misma: es difícil adelantar. Y era cierto.
Pero también era una crítica incompleta. La carrera sobrevivía porque ofrecía algo que ningún otro circuito podía entregar.
Aunque hubiera pocos sobrepasos, siempre existía la sensación de que algo podía ocurrir. Un roce contra el guardarraíl, una frenada mal calculada o un error mínimo podían alterar por completo el resultado.
La tensión no nacía de los adelantamientos. Nacía del riesgo.No obstante, las cosas parecen diferentes hoy.
Hace apenas una década, un monoplaza de Fórmula 1 medía alrededor de cinco metros de largo y pesaba poco más de 700 kilos con piloto. Los actuales superan los 5,6 metros de longitud y rondan los 800 kilos mínimos.
Puede parecer una diferencia menor, pero no lo es. Son más de medio metro adicionales y cerca de cien kilos extra.
En las amplias rectas de Bahréin quizás no importe demasiado, pero en las estrechas calles de Montecarlo puede ser la diferencia entre encontrar un espacio para atacar o resignarse a seguir el ritmo del auto de adelante durante toda la tarde. Montecarlo ya no parece pequeño.
Parece encogido.La paradoja es fascinante porque durante años se discutió si Mónaco seguía teniendo lugar en una Fórmula 1 obsesionada con el espectáculo. La respuesta parecía sencilla: sí, porque la historia también tiene valor.
Pero ahora la pregunta podría ser otra. Tal vez el desafío ya no sea si Mónaco encaja en la Fórmula 1 moderna.
Tal vez el desafío sea si la Fórmula 1 moderna todavía entiende por qué Mónaco llegó a ser importante.Porque no todo en el deporte debe medirse en términos de entretenimiento inmediato. Algunas cosas sobreviven porque representan una memoria colectiva.
Wimbledon no existe por ser el torneo más innovador del tenis. Y Mónaco tampoco sigue aquí por la cantidad de adelantamientos que ofrece un domingo cualquiera.
Quizá dentro de algunos años la Fórmula 1 encuentre la manera de equilibrar mejor tecnología y espectáculo. O quizá la presión por ofrecer entretenimiento permanente termine convirtiendo a Mónaco en una reliquia incómoda.
Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de DT El Comercio (@dtelcomercio) Porque la realidad es que Mónaco no está en crisis por ser viejo. Está en crisis porque la Fórmula 1 está cambiando más rápido de lo que el Principado puede hacerlo.
Si ese día llega, la categoría tendrá que tomar una decisión importante. No sobre un circuito, sino sobre su identidad.
Porque la Fórmula 1 siempre ha vivido entre dos fuerzas opuestas: innovar sin perder su alma. Y pocas cosas representan mejor esa alma que las estrechas calles de Montecarlo.
El problema nunca será que Mónaco sea demasiado antiguo. El verdadero riesgo es que la Fórmula 1 se vuelva demasiado moderna para recordar por qué lo antiguo sigue importando.
Information from El Comercio (Perú). Edited by: Noticias Today.
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