“Una cultura moribunda invariablemente exhibe rudeza personal”, escribió Robert Heinlein en su novela futurista de 1982, Friday (Viernes). “La pérdida de la cortesía, de los buenos modales, es más significativa que un disturbio”. Lo que hace 40 años eran las aventuras de ciencia ficción de una “persona artificial” tecnológicamente mejorada, resultó ser una profecía si consideramos las redes digitales actuales de seres humanos anónimos y bots, las conversaciones entre personas e inteligencia artificial con apariencia humana y el desplome de la cortesía.

Esta pérdida de buenos modales en casi todos los niveles se debe, al menos en parte, a la adopción de estas tecnologías.Prácticamente todo el mundo está de acuerdo en que la gente se está volviendo más grosera, especialmente en línea. Pero, ¿también percibes en ti esta tendencia?

Aunque no seas un troll sociópata que se alimenta de la incivilidad y el conflicto, es posible que hayas notado que eres menos respetuoso que antes y que los entornos en línea han contribuido a eso. Tal vez hayas observado cómo se han perdido pequeñas cortesías, como dirigirte a los demás por su nombre en tus mensajes y firmar con el tuyo.

Es muy probable que adoptes un tono más duro y sarcástico en las redes sociales que en la vida real. ¿Y para qué molestarse en decir “por favor” y "gracias" al comunicarte con lo que es, o podría ser, un bot de IA?Esta vulgarización, incluso hacia entidades no humanas, no es algo inofensivo.

De hecho, probablemente esté perjudicando tu bienestar. Cuando te vuelves menos educado, el cambio en tu conducta puede hacerte menos feliz, más deprimido y más enojado con la vida.

Tal vez no puedas cambiar las tendencias generales de la sociedad, pero puedes -y debes- cambiar esto en ti mismo.Los buenos modales se pueden definir de cuatro maneras. Las dos primeras son: la etiqueta, que rige las normas básicas de cortesía y el habla, y la conducta, que incluye acciones como abrir y detener la puerta para que alguien pase.

Las otras dos son un par: la cortesía positiva, que se refiere a realizar actos de cortesía hacia los demás, y la cortesía negativa, que implica abstenerse de la descortesía. Los sociólogos definen estas formas de cortesía no solamente como un conjunto de comportamientos, sino como parte de la personalidad.

Específicamente, uno de los Cinco Grandes Rasgos de la Personalidad -la atención y amabilidad- se compone de compasión y cortesía. Un estudio reconocido de la década de 1990 estimó que la heredabilidad de la amabilidad es aproximadamente un 41 por ciento genética, lo que nos permite inferir que heredamos cierta cortesía de nuestros padres en parte a través de nuestros genes, pero sobre todo a través de la educación recibida.

Esto también implica que podemos volvernos más corteses con buenas influencias y cultivando hábitos positivos.Algunos aspectos de la cortesía son bastante universales, como decir “por favor” y “gracias”, así como escuchar mientras otros hablan (cortesía positiva) sin interrumpir (cortesía negativa). Otros valores de cortesía varían en todo el mundo: estrechar la mano es de buena educación en Londres, pero no en Bangkok; dar propina a un taxista es una cortesía común en Nueva York, pero no en Tokio.

También existen variaciones demográficas en la cortesía, y las normas de género pueden influir. Por ejemplo, algunos estudios demuestran que las mujeres estadunidenses generalmente reciben más cortesía que los hombres y muestran un comportamiento menos cortés hacia los hombres que viceversa.Nadie quiere ser tratado con rudeza, ni en línea ni en persona.

La conclusión en los estudios de que cuando alguien es descortés con nosotros, disminuye nuestro bienestar es tan obvio que apenas es necesario citarlo. Incluso presenciar la descortesía hacia los demás puede disminuir tu felicidad, como han demostrado varios experimentos: cuando el contenido mediático incluye sarcasmo por parte del autor y los comentarios son irrespetuosos, los lectores se sienten más infelices, incluso si están de acuerdo con el autor o los comentaristas sarcásticos.

La descortesía simplemente te deprime.Tal vez aún más sorprendente sea el efecto que la cortesía hacia los demás tiene en tu propio estado de ánimo. Investigadores de 2021 demostraron que ser educado con los demás aumenta la felicidad y disminuye la ira.

Esto puede parecer contradictorio al principio, ya que a veces sentimos un fuerte impulso de ser cortantes; ¿acaso no significa eso que responderle a alguien debería hacernos sentir mejor? Es todo lo contrario: ser descortés es como rascarse la irritación causada por la hiedra venenosa.

Ceder a ese impulso empeora las cosas. Dudo que alguna vez te hayas sentido bien sabiendo, en el fondo, que te has portado mal, mientras que casi con seguridad te has sentido mejor cuando has sido amable.

Se ha demostrado que ser prosocial, incluso cuando no te apetece o la persona a la que muestras cortesía no lo merece, mejora el estado de ánimo.El efecto es tan poderoso que te beneficias de ser educado incluso cuando tu cortesía se extiende a seres no humanos. Psicólogos que escribieron en The Journal of Positive Psychology asignaron a los participantes de un estudio una tarea para realizar junto con un robot de asistencia llamado Tako: aquellos que sintieron una mayor necesidad de agradecer a Tako por su ayuda después fueron más propensos que los demás a comportarse de manera prosocial en una tarea posterior.

Este hallazgo sugiere que incluso ser cortés con un bot de IA u otra interfaz no humana importa; gritarle a Siri o ser brusco con ChatGPT te llevará a comportarte peor con otras personas y va a disminuir tu bienestar.En resumen, ser educado es por tu propio bien. Y ten en cuenta que si las interacciones mediadas por la tecnología te hacen menos educado, eso también puede afectar tu felicidad.

Abandonar internet o regresar a un mundo sin IA es poco práctico, por lo que la solución a este reto de la cortesía reside en cómo, de forma consciente, decides comportarte. A continuación presentamos tres reglas de conducta que puedo sugerir.1.

Haz de la cortesía un hábito, incluso cuando no haya otras personas involucradas.Mi difunto padre tenía modales impecables, y no tengo duda de que si aún viviera, comenzaría cada solicitud a la IA con un “por favor” y la terminaría con un “gracias”. Hace años, me habría burlado de eso -¡Papá, al bot no le importa!- pero estoy seguro de que no le habría prestado atención, porque ahora entiendo que sus buenos modales eran una demostración de comportamiento decente hacia sí mismo.

Y lo habrían protegido de parte de la infelicidad que vemos a nuestro alrededor. Así que hoy, intento imitarlo, en línea y en persona, con quienquiera o lo que sea con el que interactúe.2.

Renuncia al sarcasmo, ya sea que lo presencies o lo uses tú mismo.Como se mencionó, el sarcasmo en los medios puede afectar negativamente tu bienestar como consumidor. No obstante, la burla hacia los demás parece ser una parte integral de la comunicación moderna, especialmente entre los que desean parecer sofisticados.

Intento no participar en esto, porque aunque en el momento pueda resultar satisfactorio o hacerme reír, conozco el precio que paga mi alma. Ya no leo las secciones de comentarios en las publicaciones, y cuando un autor lanza un comentario grosero, dejo de leer por completo.3.

Responde a la grosería no con grosería, sino con cortesía.Si tu corresponsal de felicidad se viera envuelto en discusiones en redes sociales o acaloradas peleas públicas, daría una mala imagen y sería muy poco profesional. Así que siempre me abstengo.

Pero intento ir más allá del autocontrol: si necesito reaccionar a un comentario grosero en persona o a un comentario malintencionado en línea, intento verlo como una oportunidad para mejorar mi bienestar respondiendo con cortesía y dignidad. Esto se vuelve más fácil con la práctica, y nunca me he arrepentido de haber desaprovechado la oportunidad de responder con un comentario mordaz.

Solamente me arrepiento cuando no aprovecho la oportunidad de hacer lo correcto y sentirme bien al respecto.Una última reflexión sobre la afirmación de Heinlein acerca de una “cultura moribunda”: ¿Es cierto que nuestra cultura está muriendo, dada la rudeza que impera? Y si es así, ¿es demasiado tarde para revertir la situación?

Muchos días, el panorama parece desalentador, ya que la hostilidad en línea parece haberse convertido en el estilo dominante. Pero mi mecanismo de defensa personal también busca actuar como una fuerza contracultural: considero la cortesía como el punk rock de hoy, porque transgrede profundamente el espíritu de nuestra época.

Y al igual que con el punk rock, cuando uno se empodera con la cortesía, se siente eufórico. Es el máximo ejercicio de libertad: la libertad de ser quien quiero ser frente a una tiranía cultural.Gracias por leer esta columna.¿Quieres aprender más sobre cómo llevar una vida plena y significativa?

Únete a Arthur C. Brooks y al editor en jefe de The Atlantic, Jeffrey Goldberg, el lunes 11 de agosto a las 14:30.

ET mientras conversan sobre el nuevo libro de Brooks, The Happiness Files: Insights on Work and Life. Obtenga aquí más información sobre el evento.