Esta frase resuena últimamente en todos los pasillos donde se tratan temas climáticos, defensa y protección civil, generación hidroeléctrica y agua potable, aunque podría también resonar en el concejo de ministros e instituciones descentralizadas, el Idaan, la Autoridad del Canal de Panamá, los medios de comunicación y redes sociales, gremios de la empresa privada y hasta en el mercado público por sus impactos directos e indirectos a la economía nacional y el abastecimiento de servicios públicos y la seguridad alimentaria popular. El evento climático denominado como “El Niño”, de quien se tiene registros desde su aparición en la India en el año de 1874, devastó las plantaciones de té, cuyo mercado principal era la Gran Bretaña colonial de Inglaterra, y puso en jaque a la industria y las exportaciones desde la colonia a las mesas de los oligarcas ingleses de la época.

Desde que se tiene registro, El Niño ha impactado de forma cíclica a lo largo de estos 150 años en diversas y cada vez más fuerte forma, a los países cercanos a la franja ecuatorial principalmente de la cuenca del pacífico, desde el norte del Perú hasta las naciones centroamericanas, incluida Panamá. En El Niño de 2024, Panamá sufrió una de sus crisis climáticas más importantes, dejando casi secos nuestros lagos y cuencas que abastecen tanto la generación hidroeléctrica como el suministro de agua cruda para potabilización y el consumo de animales y la agricultura.

Impacto que sintió profundamente el Canal de Panamá por ser el mayor usuario de agua cruda del país con el 98% del consumo. Este nuevo EL Niño, que se proyecta entrará en vigencia en este trimestre junio-agosto de 2026, y que se prevé que durará hasta el trimestre febrero-abril de 2027, viene recargado con el aumento de la temperatura suministrado por el cambio climático, por lo que podría llegar en su pico hasta +2.47°C sobre la media de temperatura para los meses entre noviembre 2026 y febrero 2027, provocando consigo una disminución de las precipitaciones en los meses propios de lluvia y una mayor temperatura en los meses de verano.

Esta combinación traerá consigo una disminución drástica de los volúmenes de agua en los reservorios y cuencas de agua cruda tanto para la generación eléctrica como para el consumo humano y animal y principalmente para la operación del Canal de Panamá, repitiendo lo que sucedió en el año 2024, si no contamos con las contingencias, la preparación y alertas tempranas tanto a nivel del gobierno central, la Autoridad del Canal de Panamá, los gobiernos locales y la población en general. No podemos detener la llegada de El Niño y tampoco minimizar o peor aún maximizar sus impactos.

El fenómeno de El Niño es un evento que debemos tener guardado en los registros públicos y la conciencia colectiva. Es hora de hacer los ajustes y previsiones necesarias para enfrentar este fenómeno natural y que no se convierta en un desastre natural, que cause un estrés mayor a la economía nacional ni en las comunidades más vulnerables.

El impacto de El Niño es un hecho y nos toca a todos estar preparados. Algunos consejos para resistir este impacto serían: Disminuya en lo posible el consumo de agua en su hogar y empresa, así irán imponiendo sus propias medidas de ahorro con tiempo para educar a sus familiares y colaboradores; prepare un almacenamiento de agua tanto cruda de lluvia como potable, ahora que hay ambas, y diseñe un sistema de recuperación de agua de lluvias básico en su patio y tenga canecas con agua cerradas para mayor duración.

Asimismo, puede instalar sistemas de reducción de temperatura en techos y paredes, para que cuando lleguen las temperaturas altas a su casa y empresa, ahorren en el consumo de energía por menor uso del aire acondicionado y colocar techos y paredes verdes en sus casas y empresas para mejorar la humedad en los meses de verano e introduzca mayor vegetación natural en sus espacios públicos y privados para disminuir la temperatura. Desde el gobierno central, es momento de sonar las alarmas tempranas, no esperar a que El Niño nos impacte para comunicarle a la población las malas noticias.

Ni minimizar su impacto ni proyectar una realidad nacional que no es real. Las condiciones actuales de lluvias y de estabilidad del sistema hídrico y temperaturas, cambiarán y para peor con el paso del tiempo y la población debe estar informada y preparada para la llegada de El Niño.

El autor es ecologista y experto en desarrollo sostenible.