Bad Bunny y su Casita VIP desatan inesperada polémica en España

FIRMAS PRESS.- Gracias a la generosidad de mi hija, asistiré a uno de los conciertos de Bad Bunny en Madrid. En realidad, no encajo en el perfil de la mayoría de los asistentes que desde hace meses adquirieron las codiciadas entradas para el espectáculo en gira mundial de “Debí tirar más fotos”: jóvenes con capacidad gimnástica y engrasadas caderas para un “perreo” que exige menearse hasta el suelo sin romperse un ligamento.
Con todo, de los miles de seguidores de la estrella puertorriqueña, los boomers también ocupan las gradas, donde se agradece la comodidad de descansar las posaderas, en contraste con el bailoteo incansable sobre la pista de quienes, sudorosos pero entusiastas, siguen los ritmos de reguetón de un artista que ha roto barreras en lo musical y también en su mensaje político con la bandera de Puerto Rico muy en alto.Si, en su isla natal, Benito Antonio Martínez Ocasio –ese es su nombre de pila– triunfó con sus conciertos por la excelencia de la producción y un magistral sentido del marketing que contribuyó al turismo en Puerto Rico, en España se ha tropezado con una polémica que ha prendido tanto como sus pegajosos temas. La manzana de la discordia ha sido su famosa Casita, esa vivienda típica puertorriqueña que forma parte del escenario, donde el cantante y sus bailarines se mueven con soltura durante más de dos horas.
Y en esa réplica de color rosado, con su cobertizo donde pasar las noches tropicales, en cada actuación han desfilado invitados VIP como actores y actrices de Hollywood, cantantes famosos, deportistas de élite, modelos o influencers con millones de seguidores en las redes sociales. Uno de los pasatiempos de los mortales comunes es identificar la presencia en la Casita de personajes como Penélope Cruz, Jon Hamm o las hermanas Kardashian.
En las primeras actuaciones en Madrid se pudo ver al astro del fútbol Mbappé, junto a actrices y personalidades de moda, todos guapos, famosos y con cuerpos 10. Pero fue cuestión de horas antes de que en los periódicos y magazines de la televisión se discutiera y se pusiera en tela de juicio un proceso de selección que permite acceder a la dichosa Casita solo si se es rico y celebrity, o una de las dos cosas.
Tampoco se tardó en dar a conocer algo que es usual en muchos conciertos: la preselección de chicas guapas y con cuerpazos para formar parte de ese exquisito decorado humano que cada noche se cimbrea alegremente entre las columnas de la Casita donde Bad Bunny también se contonea como el indiscutible rey del reguetón.Lo que ha trascendido en las tertulias de la prensa del corazón, y también en los más sesudos análisis periodísticos, es que, si la Casita es tan del pueblo llano, ¿dónde están los llamados cuerpos “no normativos”? O sea, el clamor es a favor de que dejen pasar a señoras y señores con tallas mayores que XS y S y que, en sus cédulas, la edad sobrepase la treintena.
Para una estrella cuyos orígenes son humildes, que ha reivindicado a los colectivos LGTBQ y que se muestra sensible a causas como las de los inmigrantes –no ha querido dar conciertos en Estados Unidos por las redadas de ICE bajo el trumpismo–, buena parte de la opinión pública en España considera que su vivienda rural de ensueño es excluyente de todo lo que no comprenda a la Beautiful People. Asimismo, se detecta un tufo sexista a la hora de reclutar “buenas hembras” que adornen la estructura que, sobre el escenario, simboliza la sencillez isleña.
Si de algo no puede escapar el reguetón es del debate en torno a la “cosificación” de las mujeres. Es muy posible que Bad Bunny y su equipo nunca imaginaron que la Casita rosa tirando a salmón armara tanto escándalo en España, donde los medios pueden ser tan peleones como la letra más camorrista del género trap latino.
Por lo pronto, en la tercera noche de los 10 conciertos que dará en la capital española, aparecieron en la vivienda hecha de espuma, metal y madera, unos invitados que rompían con la estética glam de los primeros shows: gente que no se ajusta necesariamente a los cánones de belleza establecidos, pero tan capaces de marcarse un reguetón como la más fit del gimnasio. El Bad Bunny reivindicativo se ha encontrado con una sociedad, si se quiere, tan tocapelotas como algunas de sus canciones más populares.
El lema, ahora, es “Bienvenidos todos a la Casita”. Red X: ginamontanerGina Montaner es periodista y escritora.
Desde hace más de cuatro décadas publica una columna semanal en el ‘Nuevo Herald’ y en diversos periódicos en América Latina. Su libro más reciente es ‘Deséenme un buen viaje.
Memorias de una despedida’ (Planeta 2024).
Information from La Nación (Costa Rica). Edited by: Noticias Today.
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