Los perfiles de Londoño: la enciclopedia, el color

La enciclopedia: el colorLos pintores impresionistas utilizaban espejos negros de ónix, un cuarzo negro profundo, para refrescar los ojos en medio de sus sesiones de color. En este fascículo de su enciclopedia leve, Julio César Londoño se ocupa del color.
Fotografía del arcoíris, con la cual Terry Hancock ganó en la categoría nebulosas el premio "Astronomy Photographer of the Year" en 2021. Imagen de referenciaTerry HancockEsta es la segunda entrega de La enciclopedia,* un proyecto que compila fragmentos sobre ciencias y artes que aspira a dar cuenta de algunas aristas de la realidad, especialmente de la más aguda, la ficción.
Por lo general, privilegio sobre el rigor la conjetura, piedra de toque del ensayo literario. Este fascículo se ocupará del color.
El arcoíris. Al alba del día 41 del Diluvio salió el sol y Dios vio con estupor la tierra anegada.
Cadáveres de pájaros, reses, gallinas, perros, hombres, mujeres, ancianos y niños flotaban sobre las aguas. Justos y pecadores flotaban.
Conmovido, se prometió no ser tan severo. En garantía, trazó en el cielo su rúbrica, el Arco de la Alianza.Newton fue el primero en «destejer» el arcoíris, pero Voltaire asegura que el fenómeno ya había sido correctamente explicado por Antonio de Dominis y René Descartes. (Carta filosófica decimosexta: Sobre la óptica de Newton).
Dicen que donde nace el arco iris hay tesoros sepultados, pero nadie ha podido llegar hasta allí y nadie llegará jamás, porque si bien el iris es real y sucede en la atmósfera, el arco es un milagro virtual que solo tiene lugar en el cerebro, que es donde suceden todas las percepciones.Newton publicó su Óptica en 1703. Era un estudio completo de reflexión, refracción, descomposición espectral, el telescopio de reflexión, el fenómeno de la visión, las lentes y la teoría corpuscular de la luz.
Al final anexó De la cuadratura de las curvas, un ensayo que apuntaba a apoyar sus reclamos sobre el descubrimiento del cálculo, cuya paternidad disputaba con Leibniz. Newton murió 24 años después y fue enterrado en la Abadía de Westminster con funerales regios y con una pequeña pirámide de diamante sobre su pecho.
Nada nos cuesta imaginar que cierto día del año un rayo de sol se cuela por las rendijas, atraviesa la pirámide y dibuja un arcoíris en la helada penumbra. La protopintura.
Lo que más asombra de la pintura rupestre es que no precisó bocetos. Nuestros abuelos de las cavernas no hicieron matachos, primero, y luego sí, perfectas, plásticas, sublimes, Altamira y Lascaux.
Es por esto que Chesterton asegura que el hombre es hijo de la creación divina, no de la evolución natural. Los colores se untaban sobre la roca con los dedos, o se escupían con la boca, o los atomizaban con una caña hueca, o los restregaban con estopas vegetales.
Los lápices eran ramas carbonizadas o polvos minerales aglutinados con resinas: gomas vegetales, aceites minerales o heces animales. Se aprovechaban las irregularidades de las rocas para acentuar la ilusión de volumen, pero también hay efectos tridimensionales logrados con esfumatos muy delicados sobre superficies planas.Los romanos tenían una paleta de colores muy rica, como podemos apreciar en los murales de Pompeya, Herculano y Stabia, pero estas pinturas han envejecido muy mal.
Sus pigmentos eran inestables y el barniz que los protegía de la oxidación, la cera, requería mantenimiento constante. Aunque las técnicas modernas han atenuado el problema de la inestabilidad del color y alargado la vida media de los pigmentos, el problema subsiste y nunca será resuelto de manera definitiva.
Como las rosas y los imperios, el color envejece y muere. No hay nada que hacer, salvo seguir trabajando en el tema de los fijadores y prohibir las fotos en los museos.
O la solución de Van Gogh: «Todos los colores que los impresionistas han puesto de moda son inestables, por eso me gusta aplicarlos con crudeza. Ya el tiempo, ese crítico severo, se encargará de atenuarlos».De la línea al color.
La primacía del dibujo sobre el color fue larguísima y empezó a menguar ayer nomás, en la segunda mitad del siglo XIX, cuando los impresionistas resolvieron que en la naturaleza no había líneas, solo color y volúmenes, luces y sombras. Los impresionistas dinamitaron la línea y la reemplazaron por puntos.
El «puntillismo» marcó el comienzo del fin de la línea. La siguiente víctima fue la figura.
El arte figurativo alcanza su apogeo con los realistas, movimiento pictórico y político a la vez, comprometido con los pobres, los oficios cotidianos y las ideas de izquierda, y también inscrito en la segunda mitad del siglo XIX. Los decenios siguientes verán la quiebra de la figura, y las obras del arte figurativo son hoy poco más que venerables reliquias.El color propiamente dicho.
Como al principio fue la luz y la sombra, los primeros «colores» fueron el blanco y el negro. El gris no sería un color, sino un punto vacilante entre la luz y la sombra.
Algunos teóricos consideran que el negro es la negación del color, el punto cero de la luz. Para Newton, el blanco no era un color, sino la suma de todos los colores escondidos en la luz del sol.
De aquí podemos concluir que los colores son esa parte del espectro limitada por dos no-colores, el blanco y el negro, y en cuyo centro está el gris.El azul es el color favorito de los poetas y domina, con el negro y el blanco, el mercado de la moda. Significa serenidad, seriedad, limpieza, dicen los psicólogos, y es el pigmento más escaso.
En pintura, es un color «moderno». Vino mucho después del negro, el blanco, el verde, el rojo y el amarillo, la protopaleta.
Hace 6.000 años solo había dos azules naturales, el del cielo y el lapislázuli, un mineral exclusivo de Afganistán. El primer azul sintético lo fabricaron los egipcios hacia 2.500 a. c. mezclando sílice, cobre, cal y un álcali.
Los romanos copiaron la fórmula, pero luego la perdieron. Ayer, en el Renacimiento, los pintores todavía compraban el lapislázuli afgano.
Era tan caro como el oro, por eso era el preferido para iluminar la capa de la Virgen, y solo podían pagarlo los pintores muy ricos.El rojo. Sin saberlo, los aztecas obtenían pigmento rojo de la misma veta europea, las cochinillas bermejas.
El rojo más vivo, el carmín, bermellón o coral (un rojo que tiende al naranja, el color favorito de Almodóvar) se obtenía en ambas márgenes del Atlántico a partir de la cochinilla. Fue durante siglos un pigmento escaso porque era necesario macerar miles de insectos para obtener unas gotas de rojo.
En el siglo XII fue sintetizado a partir de una reacción alquímica de mercurio, azufre y fuego. «La síntesis del bermellón es el adelanto tecnológico clave de la pintura medieval. Ningún otro suceso cromático ha tenido efectos tan significativos.
Sin este rojo brillante, la Edad Media no habría desarrollado los patrones de coloración que estableció, y los siglos posteriores al XII habrían sido opacos». (Philip Ball, La invención del color). La asociación del rojo con la pasión viene del hecho de que la sangre sube hacia la epidermis durante la excitación sexual.
Es la efervescencia de la sangre lo que enrojece los pómulos y los labios y pone turgentes el clítoris, los pezones y el falo (sangre erguida, dicen los árabes). El éxito del lápiz labial rojo estriba en que enfatiza este efecto y grita: «¡Estoy lista!».
Semiótica del erotismo.Espejos negros. Los pintores impresionistas utilizaban espejos negros de ónix, un cuarzo negro profundo, para refrescar los ojos en medio de sus largas sesiones de color.Percepción.
El color de un pigmento es una percepción y encierra una paradoja: el color de las cosas riñe con la naturaleza molecular de sus superficies. La pintura azul, digamos, tiene una estructura molecular que absorbe seis de los siete colores de la luz blanca y refleja el séptimo, el azul; lo rechaza.
Es decir que, en rigor, de manera íntima y molecular, la pintura azul es cualquier cosa menos azul. El final del proceso es fantástico.
Las ondas «azules» entran al ojo y estimulan las células fotosensibles que componen la retina. Luego el nervio óptico encripta este mensaje en pulsos eléctricos, lo envía a las profundidades del cerebro y allá, en silencio, se decodifican los pulsos y se hace la luz.* Este es el fascículo dos.
El número uno, Una enciclopedia leve, se publicó en las páginas editoriales de El Espectador el 11 de marzo.Si le interesa seguir leyendo sobre El Magazín Cultural, puede ingresar aquí 🎭🎨🎻📚📖
Information from El Espectador (Colombia). Edited by: Noticias Today.
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