En la llamada T de Daule, un cruce polvoriento que conecta al cantón agrícola con las carreteras que conducen a Guayaquil, ocho jóvenes arrancaron en cuatro motocicletas a las once de la mañana del domingo rumbo a Milagro. Era un trayecto de menos de una hora.

Con el paso de las horas, sus familiares perdieron contacto con ellos y comenzaron a escuchar versiones contradictorias. “Que estaban en Durán, que habían aparecido en Yaguachi, que se los habían llevado militares”, recuerda uno de sus familiares. La búsqueda se convirtió rápidamente en una carrera contra el miedo.

Tres días después, mientras organizaban una nueva jornada para encontrarlos, vieron en los noticieros una noticia que los paralizó: ocho cuerpos habían sido hallados dentro de sacos de yute junto a la vía que une Jujan con Babahoyo. “Espero que no sean ellos”, repetía Aura Sánchez, madre de dos de los desaparecidos, sin imaginar el tortuoso recorrido que aún le esperaba para identificar los cadáveres. Seguir leyendo