La luz estroboscópica se logra emitiendo destellos muy breves, uno detrás de otro, de modo que el movimiento parece quedar congelado en una sucesión de imágenes. Mola mucho.

Se emplea en las discotecas maquineras para procurar un efecto irreal a la escena, para descomponer en flashes cortantes la danza de los cuerpos. Es un uso muy popular, pero hay más.

Por ejemplo, puede utilizarse también en el cine para recrear una pesadilla. Imagínense un parpadeo que ilumine plano a plano a un varón --tiene que ser un varón-- que se aproxime hacia usted, cada vez más cerca, con gesto adusto, mirándolo fijamente, hasta que se le echa encima.

Llámese el sujeto Luis de la Fuente, Carlos Cuerpo, Gabriel Rufián o Josep Maria Recasens, el canguelo está garantizado. Todo ello gracias a este inquietante efecto lumínico que nos deja paralizados.

El terror estroboscópico es lo que sufrimos estos días con la crisis de Ormuz. A través de imágenes aisladas, de flashes informativos aquí o allá, nuestra mente intenta dar coherencia a los titulares, enlazar sorprendentes estampas mientras el peligro económico se nos aproxima en forma de breves resplandores sin que nadie sea capaz de moverse.

Lo dicho, como ocurre en las peores pesadillas.Seguir leyendo...