Los riesgos psicológicos detrás del "dinero fácil" en las plataformas de contenido para adultos

SANTA FE.— El estreno de la tercera temporada de la polémica serie de HBO, Euphoria, volvió a encender las alarmas sobre un fenómeno social que crece de manera sostenida y silenciosa: la exhibición en plataformas de contenido sexual a cambio de dinero. Aplicaciones como OnlyFans o DivasPlay se multiplican en las pantallas de usuarios dispuestos a pagar por imágenes eróticas exclusivas, configurando un mercado digital que no conoce de límites territoriales ni morales.
Bajo la promesa de una salida económica rápida o una vía de autonomía, miles de personas —muchas de ellas jóvenes— se sumergen en la exposición total. No obstante, el anonimato es una ilusión en una red donde el material circula por millones.
¿Vale la pena el costo? El Litoral dialogó con la Lic.
Ana Blanc (M.P 1305), psicoterapeuta especializada en Sexología Clínica Vincular y Terapia de Pareja, y con la Lic. Estefanela Brignone (M.P 2220), psicóloga y sexóloga especialista en Psiconutrición, para desentrañar los efectos latentes de este fenómeno en la salud mental, la autoestima y los vínculos humanos.
La trampa de la autoestima monetizada En una primera instancia, el ingreso a estas plataformas suele percibirse como una experiencia de libertad. "Desde el lado del empoderamiento femenino tiene una cuestión que está buenísima, porque repercute en una autoestima súper positiva", introdujo la Lic.
Estefanela Brignone. No obstante, advierte que el peligro radica en la sostenibilidad de ese bienestar.
"El riesgo es que, al estar la autoestima monetizada o validada constantemente por likes, aparece un chequeo constante, una hipervigilancia. Si no tenés el ingreso que estabas teniendo o la cantidad de 'me gusta', seguidores o clientes, ahí empieza a haber un deterioro", expresó Brignone en diálogo con El Litoral.
Esa ambigüedad transforma el beneficio inicial en una trampa psicológica donde afloran la depresión, la ansiedad de rendimiento y el burnout (síndrome de agotamiento extremo). Las profesionales coincidieron en que, si bien las trabajadoras sexuales con experiencia logran delimitar los márgenes de su labor, las usuarias más jóvenes carecen de esa estructura protectora.
"Por querer seguir viendo que la cuenta va en ascenso, terminan haciendo cosas que no quieren. Muchos creadores cuentan que llegan a alcoholizarse o a ingerir sustancias para hacer cosas que no desean", añadió una de las especialistas.
Por su parte, la Lic. Ana Blanc analizó este proceso desde la pérdida de control de los propios creadores: "Pensamos "no me voy a poner tan pendiente de esto", pero empieza a suceder.
Un corazoncito, un like, el dinero; psicológicamente representa un refuerzo positivo y las personas nos movemos mucho por refuerzos. Entonces, eso que sentimos que podemos controlar termina controlándonos".
Cuando el cuerpo es la oficina Uno de los impactos más complejos se observa en la distorsión de la propia intimidad. Al convertir el placer y el erotismo en una jornada laboral, la frontera entre el personaje y la persona se vuelve porosa.
Las psicólogas trajeron a colación casos donde parejas que generaban contenido juntas manifestaban severas dificultades para disfrutar de la sexualidad fuera de la pantalla: "Les costaba mucho disfrutar de la sexualidad sin estar vendiendo contenido. Había una cuestión de performance de no poder relajarse.
La fantasía estaba todo el tiempo atravesada por el trabajo". La superposición de los espacios físicos agrava el cuadro.
"La sexualidad tiene mucho que ver con el contexto", explicó Blanc y agregó que "si usás el mismo espacio físico donde vivís y tenés tu intimidad para filmar, es súper difícil. Una de las intervenciones terapéuticas es justamente cambiar de espacio para favorecer la creación de barreras, como membranas funcionales".
A esto se suma la presión histórica sobre las mujeres para constituirse como objetos de deseo. Según las terapeutas, el circuito puede volverse restrictivo si la erotización depende exclusivamente de la mirada ajena.
"Puede pasar que erotice más mostrarme sexuada y generar excitación en el otro que conectar con mi propio goce. No está mal, pero sí es importante ver cómo eso puede ir acortando las experiencias eróticas y llevándote siempre al mismo lugar", explicaron.
Pantallas que aíslan: la evitación del vínculo real El fenómeno no solo transforma a quienes producen, sino también a quienes consumen. En un contexto postpandemia que digitalizó y atomizó las relaciones, el consumo compulsivo de estas plataformas funciona a menudo como un refugio frente a la complejidad de los lazos afectivos reales.
"Tener sexo con otra persona es complejo. Hay comunicación, expectativas, inseguridades", r eflexiona Blanc en diálogo con este medio .
"Hoy, con el boom de información y con el placer femenino sobre la mesa, aparecen muchas preguntas y ansiedad de desempeño. Masturbarse es más fácil.
Da dopamina más rápido, ya sé lo que quiero y no me tengo que exponer. En la época de la inmediatez, hay una evitación de lo displac
Information from El Litoral (Santa Fe). Edited by: Noticias Today.
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