A los 17 años, Celia Trullenque fue al ginecólogo por primera vez. Tenía acné persistente, hinchazón abdominal, reglas muy irregulares y dolores que le impedían levantarse de la cama durante días.

Le mandaron pastillas anticonceptivas y poco más. Aunque todos aquellos síntomas formaban parte de un mismo problema, dice que su ginecólogo no le dio más importancia.

Vivía con síndrome de ovario poliquístico (SOP), pero de eso se enteró después. El SOP es uno de los trastornos hormonales más comunes entre las mujeres en edad reproductiva y, no obstante, también es uno de los menos diagnosticados y de los menos comprendidos. “Todo ese tiempo estuve a ciegas”, recuerda Trullenque.

Todavía tardó cinco años más en nombrar lo que tenía, justo cuando empezó a estudiar Farmacia en la universidad.Seguir leyendo