Hay veces en las que lo único que te separa de entregarte a esa caricatura de “mujer de alto valor” que triunfa en redes es una pausa breve, una taza caliente y la ilusión momentánea de que todavía puedes con el día. Quizá no arregle la decepción que a veces supone la vida corporativa, pero puede que durante diez minutos no sientas la imperiosa necesidad de huir al campo a hacer pan de masa madre.

Lo sé, parece exagerado, pero me atrevería a decir que hay algo altamente reconfortante y casi poético en una taza humeante. Sin ir más lejos, son muchas las películas en las que aparece la figura del británico, siempre dispuesto a ofrecer una cup of tea a cualquiera que esté atravesando un momento de zozobra.

¡Ay! Los sinsabores de la vida.

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