Silvia Majul y el arte de sostener las raíces en el aluvión digital
SANTA FE.— Después de la experiencia vivida con Maia Roldán en mayo, continúa el ciclo de formación artística impulsado por Silvina Cian desde el Concejo Municipal de Santa Fe. En ese marco tendrá lugar el conversatorio titulado “El arte de comunicar cultura y música popular: De Yupanqui a Milo J”: una charla imperdible con Silvia Majul, quien tiene una larga trayectoria laboral de la mano de artistas como Mercedes Sosa, Peteco Carabajal, Litto Nebbia y León Gieco, entre muchos otros referentes.
El encuentro se realizará este viernes 5 de junio desde las 17.30, en el recinto del Concejo Municipal (Salta 2943). Anticipándose a la cita, El Litoral la contactó para adentrarse en la propuesta, su ideario y sus vivencias desde las trincheras, en la defensa de la cultura popular.
Divisiones de escaparate -Una de las preguntas centrales del encuentro es: ¿qué es hoy la música popular? ¿Cómo responderías esa pregunta desde tu experiencia de más de tres décadas trabajando con artistas de distintas generaciones? -Para mí, la música popular hoy es todo aquello que late en el territorio y en la memoria de la gente; va desde Mozart hasta el canto de los grillos en una noche santiagueña.
A lo largo de mis más de tres décadas trabajando con artistas de distintas generaciones, lo que fui comprobando es que la etiqueta de “lo popular” es una categoría que muta constantemente y que siempre está en tensión. A veces nos olvidamos de que Beethoven era el fenómeno de masas de su época, o que el tango nació en los márgenes de los prostíbulos antes de ser aceptado como “alta cultura”.
Hoy vemos cómo el mercado discográfico insiste en encasillar las expresiones en góndolas rígidas, separando por ejemplo al chamamé del resto del folclore, cuando en el fondo todo responde a una misma matriz. En comunicación estudiamos cómo estas clasificaciones de las disquerías o los algoritmos no son inocentes; son dispositivos que fragmentan la cultura para poder comercializarla.
Mi propia experiencia como oyente me transformó en una “escuchadora” nómade. Nací en la Patagonia, me mudé a Santiago del Estero y también viví en Santa Fe.
Esos mapas musicales me enseñaron que todo es música popular. Por eso me parece un prejuicio total cuando la gente me juzga por disfrutar del cuarteto o de la cumbia santafesina con la misma pasión con la que escucho a Raúl Carnota o a Martha Argerich.
Detrás de ese juicio social hay un intento de imponer qué cultura es “válida” y cuál no. Como bien demostró el Chango Farías Gómez cuando fundó MPA (Músicos Populares Argentinos), la música de raíz no es una pieza de museo estática.
Lo popular es sinónimo de vanguardia, de cruces y de libertad, y no tiene por qué pedirle permiso a las élites ni a las etiquetas del mercado. Hiperconectados -En un contexto atravesado por las redes sociales y las plataformas digitales, ¿qué lugar ocupa hoy la construcción de identidad cultural dentro de la música? -Hoy las redes y las plataformas no anulan la identidad cultural, sino que multiplican las formas de construirla.
No veo este escenario digital como algo apocalíptico; la identidad musical siempre fue un proceso vivo que se nutre tanto de las pantallas como de la experiencia cotidiana en el territorio. Como plantea Néstor García Canclini, vivimos en una era de culturas híbridas y globalización imaginada.
La diferencia fundamental es la velocidad y la escala del acceso. Antes, nuestra ventana al mundo eran la radio, la televisión o aquellos históricos cancioneros en formato de revista que coleccionábamos para aprender los acordes de un tema.
Hoy, un chico en cualquier rincón del país puede descubrir un ritmo del otro lado del planeta en un segundo a través de un algoritmo. Ese cruce es fascinante y democratizador.
No obstante, como reflexiona Byung-Chul Han, la digitalización extrema y la hiperconectividad corren el riesgo de disolver la profundidad de los lazos comunitarios en un mar de estímulos rápidos y efímeros. Por eso, para mí, la clave en el ecosistema actual es trazar límites claros.
Si pensamos a la identidad cultural como una casa, las plataformas digitales abren ventanas infinitas que la ventilan y la enriquecen; pero si no consolidamos las paredes y los cimientos -que son nuestras vivencias reales, el roce con los otros, los rituales compartidos y nuestra propia historia- el flujo digital de las redes puede terminar desbordando el living y arrasando con todo. El gran desafío actual es usar la tecnología como un puente de expansión, sin perder el anclaje en el suelo que pisamos.
Defensores de lo intangible -¿Creés que la comunicación cultural debe cumplir también una función de preservación de la memoria colectiva? -Sí, totalmente. La preservación de la memoria colectiva es una función central e indispensable de la comunicación cultural, pero no entiendo esta preservación desde una mirada estática, nostálgica o conservadora.
En tiempos de avasallamiento de información e inmediatez digital, la memoria colectiva necesita acciones c
Information from El Litoral (Santa Fe). Edited by: Noticias Today.
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