Qué enfadados que están los políticos, ¿eh? ¿Y qué me dicen de los tertulianos?

¡Cuánto odio se respira en platós y emisoras! Y no digamos ya el guirigay internacional...

Suerte que nos queda la cultura como remanso de paz, como oasis de buenas maneras y exquisita politesse. ¡Qué seríamos sin nuestras interesantes y sosegadas conversaciones sobre teatro de títeres del Asia Oriental, arte mesopotámico o microtonalidad musical!

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