Caminar descalzo genera sensación de libertad y conexión con la naturaleza, pero su idoneidad depende de la condición física de cada persona. Según el doctor Sergi Sánchez, podólogo del Hospital Clínic Barcelona, hay más beneficios que riesgos en esta práctica. En niños en edad de crecimiento, andar sin calzado sobre terrenos irregulares estimula la musculatura intrínseca del pie y favorece que adquiera una pisada sana.

Sin embargo, existen grupos de riesgo para los que caminar descalzo puede provocar problemas graves. Los pacientes con artritis reumatoide que presentan deformidades en los pies requieren sujeción y estabilidad. Las personas con alteraciones estructurales como pies planos o cavos enfrentan riesgos similares, ya que caminar descalzo puede acentuar estas deformaciones. En estos casos, plantillas personalizadas pueden ser necesarias para mejorar el apoyo.

Los pacientes con diabetes tampoco deberían andar descalzos de forma recurrente. La neuropatía asociada a esta enfermedad provoca pérdida de sensibilidad, lo que puede causar lesiones que pasan desapercibidas debido a problemas de circulación sanguínea. Además, caminar descalzo aumenta la exposición a infecciones bacterianas, hongos y verrugas plantares.

Los especialistas señalan que los beneficios con respaldo científico están más relacionados con caminar y mantenerse activo que específicamente con ir descalzo. Aunque se han popularizado teorías sobre mejoras en el metabolismo, circulación y reducción del estrés, estas no tienen suficiente evidencia científica. Por ello, los expertos recomiendan considerar factores como la edad, la salud del pie y la existencia de enfermedades previas antes de adoptar esta práctica.