Elisabet (45) recibe una llamada de su madre un sábado a las 8.30h: “Tu padre quiere explicarte una cosa”. Han quedado para comer al mediodía, pero el asunto no puede esperar.

Parece algo grave. Media hora después, Agapito (84) llama a la puerta.

Con ojeras y visiblemente compungido, le explica que no ha dormido: “Ayer llegó un paquete a casa, el repartidor me pidió nombre y DNI y yo, tonto de mí, se los di. Hay que denunciarlo a la policía antes que me robe el dinero del banco”. “No, papá.

Para sacar dinero del banco, tienes que ir tú en persona y mostrar el carnet”, le explica ella. El alivio del hombre es proporcional a la angustia que ha pasado en las horas previas.Seguir leyendo...