Hace unos meses, en un centro para niños desnutridos en el fondo de la región de Darfur, en Sudán, un bebé huérfano que había llegado días atrás al borde de la muerte agarró con fuerza el dedo de Tom Fletcher. El jefe humanitario de la ONU asegura que esos segundos mitigaron su frustración ante la inacción internacional y la “rabia” que le provocan los recortes en cooperación, en un mundo donde se multiplican las necesidades y los conflictos.Seguir leyendo