“Mi padre fue catedrático de Ciencias Políticas en la Complutense, era discípulo de Tierno Galván y estuvo preso por el franquismo por sus ideas políticas”, dice risueño para hacer comprender que no procede de un entorno en el que uno esperaría encontrar a alguien como él. Carlos Bobillo (Madrid, 1987) llega a la sede de EL PAÍS directamente desde Burundi, después de un día entero viajando: “La primera vez, al volver, me preguntaba: ¿por qué merezco yo todo esto?”, explica con una voz suave, casi un susurro, que obliga al interlocutor a prestar mucha atención.

Hace falta para comprender el salto de fe que llevó a este abogado y economista, con formación en escuelas de negocios internacionales y una exitosa carrera en el departamento de fusiones y adquisiciones de un prestigioso bufete de abogados, a abandonarlo todo para irse a Burundi y unirse a Hakuna. Seguir leyendo