La vestimenta de la mujer ha sido siempre objeto de dominio público. Ya sea en la televisión, sobre una alfombra roja o incluso en la propia oficina; la forma de vestir es criticada de una manera cruel y despiadada.

Una mirada de reojo, un repaso de arriba a abajo y comentarios disfrazados de inocencia que, en realidad, buscan señalar y avergonzar por llevar una falda “demasiado” corta o una camisa “excesivamente” sugerente.Seguir leyendo...