Una sola gata sin esterilizar puede tener más de 100 gatitos a lo largo de su vida

Cuando se inicia la conocida “temporada de gatitos”, las camadas de gatos callejeros se multiplican y las protectoras y las casas de acogida comienzan a desbordarse. Es una situación que se repite de forma cíclica y que está estrechamente relacionada con la enorme capacidad reproductiva de los gatos cuando no existe ningún tipo de control reproductivo ni gestión ética sobre las colonias felinas.Las gatas pueden empezar a reproducirse siendo todavía prácticamente cachorras y encadenar embarazo luego de embarazo durante años.
En las colonias sin método CER (captura, esterilización y retorno) esto provoca un crecimiento exponencial de la población felina, pero también un enorme desgaste físico para las propias hembras, que soportan gestaciones constantes, partos repetidos y lactancias continuas en condiciones muchas veces muy precarias.La fertilidad de las gatas Una de las cuestiones que más sorprende a quienes conviven por primera vez con una gata es la rapidez con la que puede alcanzar la madurez sexual. Aunque depende de factores como la genética, la raza, el peso corporal o el entorno, la mayoría de las gatas comunes pueden entrar en su primer celo entre los cinco y los nueve meses de edad.
Algunas incluso antes, alrededor de los cuatro meses.Eso significa que una gata nacida en primavera puede quedarse embarazada antes de cumplir siquiera su primer año de vida. Asimismo, los gatos tienen un sistema reproductivo especialmente eficiente.
Las gatas no tienen un único celo anual, sino varios periodos de celo consecutivos durante los meses más cálidos y con más horas de luz. Si no se produce una gestación, pueden volver a entrar en celo cada dos o tres semanas.A esto se suma otro dato clave, y es que el embarazo felino es muy corto comparado con el humano: dura aproximadamente entre 63 y 65 días, es decir, poco más de dos meses.En la práctica, esto permite que una misma gata pueda tener entre dos y tres camadas al año de forma relativamente habitual.
En situaciones extremas, especialmente en gatas callejeras con acceso constante a machos sin esterilizar ni castrar, algunas pueden llegar incluso a cuatro camadas anuales, aunque los veterinarios insisten en que eso supone un desgaste enorme para su organismo.Más de cien gatitos a lo largo de su vidaCuando se hacen las cuentas completas es cuando realmente se entiende la magnitud del problema. Una gata sana sin esterilizar que empiece a reproducirse alrededor de los seis meses y continúe haciéndolo hasta los ocho años podría tener entre 12 y 20 camadas a lo largo de su vida fértil.El tamaño medio de una camada suele situarse entre cuatro y seis gatitos, aunque puede variar mucho.
Hay partos de uno o dos gatitos y otros que superan los ocho o nueve. De hecho, el récord documentado es de una gata que llegó a parir 19 crías en una sola camada, aunque son casos extraordinarios.Incluso utilizando cifras prudentes y conservadoras, el resultado sigue siendo abrumador.
Una gata con 15 camadas de cuatro cachorros cada una puede llegar a traer al mundo unos 60 gatitos durante su vida. Si las camadas son mayores o los embarazos más frecuentes, la cifra puede superar ampliamente el centenar de crías.Y el problema no termina ahí, porque muchas de esas hijas comenzarán también a reproducirse apenas unos meses después de nacer si no existe ningún tipo de intervención humana.
Por eso las colonias felinas sin control reproductivo pueden crecer con tanta rapidez en muy poco tiempo.Un cuerpo que no está preparadoEs importante aclarar que el hecho de que una gata pueda quedarse preñada repetidamente no significa que sea saludable para ella.Veterinarios y especialistas en medicina felina advierten que los embarazos constantes generan un importante deterioro físico y aumentan el riesgo de múltiples problemas de salud. El organismo de la gata necesita recuperarse entre gestaciones, especialmente después del esfuerzo que implican el parto y la lactancia.Las gatas sometidas a camadas continuas pueden sufrir pérdida de peso, anemia, desnutrición, agotamiento físico y deterioro del sistema inmunitario.
También aumenta el riesgo de partos complicados, cachorros con bajo peso al nacer y dificultades durante la lactancia.Asimismo, algunas enfermedades reproductivas se vuelven más probables con la edad y con la repetición constante de embarazos. Una de las más graves es la piometra, una infección uterina potencialmente mortal que requiere cirugía urgente.
También existe evidencia veterinaria de que las gatas con múltiples camadas tienen más probabilidades de desarrollar tumores mamarios.Aunque mucha gente cree erróneamente que las gatas “dejan de ser fértiles” al hacerse mayores, la realidad es que no existe una menopausia felina como tal. La fertilidad puede disminuir con la edad, pero una gata geriátrica todavía puede quedarse embarazada, con todos los riesgos adicionales que eso implica tanto para ella como para los gatitos.Una adaptación evolutiva para sobrevivirLa enorme capacidad reproductiva de los gatos forma parte de una estrategia evolutiva muy conocida en biología: las especies con una mortalidad juvenil elevada tienden a compensarlo teniendo más descendencia y reproduciéndose con mayor rapidez.Es lo que ocurre también con animales como los conejos, los ratones o las ratas.
En condiciones naturales, una parte muy numerosa de las crías felinas no llega a la edad adulta debido a enfermedades, depredadores, hambre, parásitos, accidentes y condiciones climáticas adversas. Para garantizar la supervivencia de la especie, la evolución favorece entonces ciclos reproductivos rápidos y numerosas camadas.
Los gatos domésticos conservan buena parte de esa estrategia biológica. No obstante, el contexto actual es muy distinto al que moldeó esa adaptación evolutiva.
En las ciudades y entornos humanizados, muchos gatos encuentran alimento disponible de forma constante, zonas donde refugiarse relativamente seguras y menos amenazas naturales que en los ecosistemas más salvajes. El resultado es que sobreviven más animales de los que ese sistema reproductivo trata de ‘compensar’.Por eso las colonias felinas sin control pueden crecer tan deprisa.
La estrategia reproductiva que durante miles de años ayudó a asegurar la supervivencia de la especie ha acabado convirtiéndose, en entornos urbanos, en un factor de sobrepoblación y también de sufrimiento para los propios animales.Por otro lado, no todos los félidos presentan este mismo ritmo reproductivo. El lince ibérico, el tigre o el leopardo tienen menos camadas, menos cachorros y periodos mucho más largos entre gestaciones.
Su inversión en cada cría es mayor y de ahí la razón de que sus poblaciones crezcan con mucha más lentitud. El gato doméstico, en cambio, destaca por una reproducción especialmente flexible y adaptada a convivir cerca de los seres humanos.Quedarse embarazada mientras aún amamantaOtro de los aspectos menos conocidos de la reproducción felina es la velocidad con la que las gatas recuperan la fertilidad luego de el parto.
Una hembra puede volver a entrar en celo apenas dos o tres semanas después de parir. Y sí, eso significa que puede quedarse embarazada otra vez mientras todavía está amamantando a la camada anterior.
En colonias felinas sin control esto genera un ciclo prácticamente continuo de reproducción, especialmente en climas templados como buena parte de España, donde la actividad reproductiva puede prolongarse durante gran parte del año.Ese encadenamiento de gestaciones tiene consecuencias directas sobre el bienestar de la gata y muchas hembras callejeras pasan años alternando embarazo, parto y lactancia sin apenas descanso fisiológico, en entornos donde asimismo existen enfermedades, peleas, malnutrición, atropellos y depredación.El método CERTodo esto explica por qué el método CER (captura, esterilización y retorno) se considera en la actualidad la herramienta ética más eficaz para gestionar colonias felinas urbanas.Los expertos recuerdan también que no existe ningún beneficio y que es puro mito permitir que una gata tenga “al menos una camada” antes de esterilizarla, una idea muy extendida todavía hoy pero completamente desmentida por la evidencia veterinaria.La reproducción continua no mejora su bienestar físico ni emocional. Al contrario, aumenta los riesgos para su salud y contribuye al problema de una sobrepoblación felina que cada año satura las protectoras durante la temporada de camadas.
Information from 20 Minutos. Edited by: Noticias Today.
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