Vemödalen

John Koenig inventó en su Diccionario de las tristezas sin nombre un neologismo que explica bien una incomodidad que experimento con frecuencia. Vemödalen: esa frustración que surge cuando fotografiamos algo extraordinario pero sabemos que ya existen miles de imágenes idénticas tomadas antes que la nuestra.
Ojalá se redujera a la fotografía; en realidad, habla de la sensación de llegar tarde a todo, al atardecer que ha admirado medio planeta, a la preciosa librería que ya circula en redes desde hace meses. Entusiasmos repetidos, emociones sobadas.Pensaba en eso estos días en la Feria del Libro de Madrid, con su imagen multiplicada hasta el infinito: las casetas alineadas en el Retiro, las colas bajo el calor, los mismos o similares autores que firman a las mismas horas, las mismas fotos de bolsas, libros y dedicatorias.
El verdadero desgaste no radica en la repetición visual, sino en el miedo a que el encuentro de ese año sea el mismo que el de años pasado. Cuántas veces puede escribirse una dedicatoria sin caer en lo mismo.
Cuántas veces puede mantenerse una conversación parecida sin una respuesta automática. Con qué facilidad decepcionamos a un lector ilusionado al que no sabemos qué decirle, o para el que casi no tenemos tiempo antes de que llegue el siguiente.Las redes sociales nos han acostumbrado a creer que lo auténtico depende de imágenes nuevas constantemente, como si cada viaje, cada lectura o cada conversación nos obligara a una originalidad absoluta.
Parte del agotamiento actual nace de la obligación de convertir cualquier experiencia en algo único, fotografiable y distinto. La realidad funciona peor y mejor que eso.
La vida repite escenas despedidas, conversaciones, comidas, veranos, encuentros bajo árboles en Madrid mientras alguien sostiene un libro recién comprado o sacado quién sabe de qué casa en la sierra. Cuando estoy ya perdida entre horarios, ventas, promociones y colas aparecen lectores que recuerdan una frase perdida en una novela de hace veinte años, o que cuentan en qué momento exacto de su vida leyeron un libro mío.
Y aunque la escena parezca idéntica, allí, en esa ostra, está atrapada la perla.Por eso sigo yendo a la Feria, pese a todas sus carencias e imperfecciones; por ese momento único, aunque cada vez cueste más distinguirlo entre el ruido, las prisas y la sensación creciente de que casi todo (las conversaciones, las imágenes, los entusiasmos culturales e incluso nosotros mismos) no son sino una leve variación de algo que ya fuimos.
Information from 20 Minutos. Edited by: Noticias Today.
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