Memorias del Bronx en cuatro actos: una década de la intervención que abrió una nueva grieta

Este especial reconstruye la memoria de un lugar marcado por la violencia, las desapariciones y la exclusión, pero también por los esfuerzos de recuperación y transformación que hoy intentan darle un nuevo significado.10 años de la toma del Bronx.Juan Camilo ParraEra 28 de mayo. A las 6:00 a. m., el amanecer llegó con el rumor de un gran operativo.
Era sábado de madrugón en San Victorino y, mientras avanzaban las tanquetas del Esmad, las motocicletas con patrulleros de la Policía y los camiones llenos de soldados del Ejército rumbo al temido Bronx, en la “olla” sucedían simultáneamente estas cuatro escenas:Alexánder estaba frente a la pantalla de una máquina tragamonedas, pasando los efectos del bazuco; Alejandro reciclaba para conseguir con qué comprar “merca”; Rafael se encontraba en una zona conocida como “la escalera”, y el parche de William se alistaba para darse un “pipazo macabro”, lo que provocaría que el pánico que generaba la droga se confundiera con la realidad de las granadas aturdidoras y la toma definitiva del sector más peligroso de Bogotá.Aquella madrugada de 2016, Bogotá fue testigo de un megaoperativo en la que 2.500 policías, militares, agentes del CTI y personal del Distrito y del ICBF retomaron el control de una zona, hasta ese momento, dominada por el crimen. Lo que vino después fue un proceso de reconstrucción de memoria, visibilización de los horrores que allí se vivieron y denuncias contra el Estado por las irregularidades durante la intervención.Hoy, el único edificio en pie es La Casa Redonda, un inmueble que funcionó como jardín infantil incluso cuando el Bronx era un consolidado centro de operaciones criminales y que, en la actualidad, refuerzan su estructura para convertirlo en un espacio de memoria.
En este lugar, diez años después de la toma, se reunieron sobrevivientes y gestores de memoria, quienes reconstruyen los vestigios de una historia que aún abre heridas. Lo hacen en una ciudad que continúa luchando contra el fenómeno de la adicción y el narcotráfico, aunque ahora bajo una forma menos terrorífica de lo que alguna vez representó este lugar.
Alexánder: la doble vida del ‘bazuco’ Alexánder, de 60 años, duró más de 14 consumiendo ‘bazuco’. “Provengo de una familia paisa. Mi madre era luchadora.
Tenía negocios en San Andresito de la 38. A los 14 años me inicié en el consumo”.
Quizá esa es la razón por la cual dice que llegar al Bronx no fue tan fuerte: “porque venía de habitar el Cartucho”.Alexander, 60 años.Juan Camilo ParraRecuerda el olor de la droga desde que era niño, el cual se esparcía por su casa cuando un familiar la consumía. Luego de cumplir 15 años, estando en un torneo de billar en Santa Isabel, uno de sus amigos llegó fumando algo que olía similar. “Le pregunté: ‘Hermano, ¿qué es eso?’.
Me expresó: ‘¿Por qué?’. Y le respondí: ‘Porque me encanta ese olor’.
Entonces me contó que eso es un motopecoso...‘Es bazuca. Pruébelo, es una chimba’“. “Después lo hacía como por presión de grupo.
Pero llegó el momento en que ya consumía licor y sentía la necesidad de consumir bazuco. A través de que me fui haciendo adicto, dejé de lado la marihuana y el perico, y la sustancia de impacto, como se le suele llamar, pasó a ser el bazuco.
Duré 14 años consumiéndolo y llevando una doble vida”. Alexander se había separado de la madre de su hija y había tenido que regresar a la casa de la familia porque ya no se mantenía en ningún trabajo por el consumo del bazuco. “Hasta que en la casa me pusieron un ultimátum y me dijeron: “O se interna o se va de aquí.
No podemos seguir soportando la situación que estamos viviendo con usted, Alexander. Yo decidí coger calle.
Ese día fue el primer día que llegué al Cartucho”. Daniel Mejía, exsecretario de Seguridad, indicó que al 30 % de la limpieza, sacaron la cantidad de basura que produce un municipio de 10.000 habitantes en un mes.
Foto tomada un día después del operativo el 29 de mayo de 2016.Cristian Garavito / El EspectadorInicialmente, para él era una vida “absolutamente desconocida”. “Yo siempre había trabajado en el área comercial, en muy buenas compañías”. Pasó de gastar el último dinero que tenía de su vida anterior a robar en almacenes Éxito y finalmente hacer lo que hacen los habitantes de calle: buscar material reciclable entre la basura y, en su caso, ayudar a descargar camiones de mercancía los sábados de madrugón con su familia, único contacto que mantuvo con ellos para financiar la droga.
Recuerda también que una vez terminaron la calle del Cartucho no fue inmediato que surgiera la calle del Bronx. “Yo había conocido la calle del Bronx antes de llegar a habitar calle. Pero en ese entonces, en la calle del Bronx solo había tres sitios de consumo y nunca se veía un habitante de calle dentro de “La L”, nada por el estilo.
Era un sitio donde expendían y permitían consumir, pero nunca se veían habitantes de calle ni nada de eso”. Cuando eso se acabó, trasladaron algunas recicladoras a la calle del Bronx y empezó a popularizarse esta calle como lugar de habitación en calle. “Entonces yo llegué a la calle del Bronx.
Viví muchas experiencias ahí. Pienso que en la calle del Bronx me fue peor que en el Cartucho.
Vi varias circunstancias muy fuertes. Una de las experiencias que más recuerdo, y que para mí fue la más dura que viví en calle, fue que en alguna ocasión me torturaron dentro de la calle del Bronx.
Me partieron los dedos de los pies con un tacón. Ese dedo me lo introdujeron en un tubo y lo doblaron hasta partirlo.
Y me quemaron los testículos y las piernas con ácido. Por esta situación, Alexander duró aproximadamente un mes botado frente a una construcción a la que llamaban ‘la oficina de la Warner Bros.’, con una falda de mujer porque no podía colocarse ropa interior, ni pantalón, ni nada por las heridas y los ácidos.
Se recuperó con dificultad y no tardó en volver a la olla. Pero a su adicción al bazuco se sumó otra: el juego de máquinas de monedas. “Ya no podía consumir si no jugaba”, dice recordando la madrugada del 28 de mayo de 2016.
Ese día iba a buscar la “liga” en el madrugón, pero cuando volvió con lo de la droga y el juego, “se me hizo extraño que todas las puertas estaban, por decirlo así, “a media asta”. Solo estaban abiertas hasta la mitad”.
Los organismos de seguridad capturaron a tres personas, entre ellas alias Teo, presunto jefe de finanzas del Bronx, que tenía orden de captura; y condujeron a 508 personas a las Unidades Permanentes de Justicia de la Policía. No obstante, los capos de 'Los Ganchos', no fueron capturados.
Foto tomada el 1 de junio de 2016.OSCAR PEREZ La esposa del dueño del dueño del lugar de máquinas era pareja de alguien que hacía parte del grupo de seguridad de los llamados “sayayines”. “Ella expresó que subieran la reja y yo empecé a jugar. Como a las 6 de la mañana sonó algo muy fuerte.
Yo llegué a pensar que había estallado un cilindro o un petardo. No entendía qué era.
El efecto fue que me zumbaban los oídos y no podía moverme. Al momentico empezamos a escuchar que entraban los “tumbapuertas” y empezaron a tumbar puertas con ese barrote que ellos cargan”.
Abrieron las rejas y cuando salió de la tienda esto estaba inundado de Policía por todos lados. Alexander dice que los operativos eran regulares, más no pensaron que fuera uno definitivo. “Era una situación que sucedía esporádicamente.
Los allanamientos eran “normales”, entre comillas, en la calle del Bronx. En muchas ocasiones llegaban.
Ellos estaban avisados porque unos días antes parte de lo que hacía el grupo de seguridad era decirle a uno: ‘Le doy una bolsa de bazuco por una bolsa de heces, de materia fecal humana o lo que fuera’”. “Y finalmente fue el fin. Ese día, a partir de ahí, se acabó el Bronx”.Alexander, exhabitante de calle.“Después de que acabó el Bronx, toda esta zona se volvió un consumidero.
Todos esos locales comerciales no hacían sino quejarse. Mucha gente tuvo que irse porque ya la gente no venía a comprar por acá; todas estas calles eran de puro consumo.
Cogió más auge el Sanber. Yo me pasé para el Sanber”.
Y así permaneció Alexander hasta que un día, durmiendo en un andén en Teusaquillo, por la calle 32 con 15 más o menos, un señor llegó en una camioneta para descargar un mercado y no se fijó y le pasó la llanta izquierda por encima de una mano, partiéndole tres dedos. Esa experiencia fue la última que soportó en calle.
Luego accedió a los programas de Integración Social y logró enderezar su camino. “Para mí, el consumo es una decisión propia, al igual que la recuperación. Pero algo que hoy me funciona es vivir el ‘solo por hoy’.
Lo que sucedió en el pasado ya quedó. El futuro no existe para mí.
Yo no sé si mañana esté o no esté. Vivo el presente”.
Alejandro y Rafael: Sanando Mentes Alejandro y Rafael no son hermanos ni familia, pero comparten algo más que el apellido Gómez. Ambos nacieron en zonas deprimidas del sur, uno de Bogotá y otro en Soacha, y ambos vivieron a su manera la toma del Bronx luego de atravesar una juventud de adicciones. “Nací en el barrio Quiroga.
En esa época el Quiroga era una zona roja. Inicié mi consumo dentro del barrio a los 11 años de edad, viendo el estilo de vida que tenían los muchachos del barrio.
La mayoría consumían”, dice Alejandro. En ese tránsito duró 33 años, de los cuales ocho fueron en habitabilidad de calle. “Después vino mi proceso de recuperación de las adicciones.
Pero hay muchísimas experiencias y narrativas”, añade. Alejandro Gómez, codirector de Sanando Mentes.Juan Camilo ParraRafael por su parte dice que creció en el barrio San Mateo, en Soacha. “Probé las drogas a los 18 años, en una fiesta.
Estaba tomado y no sabía qué estaba consumiendo. Tal vez por seguir el círculo de amistades seguí consumiendo, como consumidor social.
Conocí el Cartucho a los 19 años y se puede decir que me enamoré. Allá se podía consumir 24/7.
La droga era económica y de mucha mejor calidad. Así fueron 22 años en las drogas y siete años en habitabilidad de calle”.
Rafael Gómez.Juan Camilo ParraY agrega: “hay historias trágicas, muy trágicas. Historias de mucho dolor personal y familiar.
Personas que llegaban a preguntar por sus familiares desaparecidos y uno, estando parado al lado de la gente de seguridad, sabía que esas personas habían desaparecido ahí. Y uno no podía decir nada”. “Independientemente del lugar donde uno consumiera, la olla más grande era esta: La República Independiente del Bronx.
Era 24 horas, siete días a la semana. Era la zona de confort”, dice Alejandro.
Alejandro Gómez.El 28 de mayo, Alejandro, estaba consumiendo. “Se me acaba la droga como a las 4 de la mañana. Entonces raspo la pipa, lo preparo, termino el alcohol que tenía y salgo como a las 5 de la mañana.
Era día de reciclar. Cuando salgo todavía el operativo no se había efectuado.
Pero cuando regreso, tipo 9 de la mañana, ya con mis monedas para comprar mis dosis y entrar otra vez a la pieza, me encuentro con el operativo”. Rafael estaba en la parte de “escalera”. “Ya se sentía la energía de que habían avisado: ‘Pilas, que viene operativo’.
Pero uno pensaba que era un operativo normal. Y de repente suena la sirena.
Empiezan los golpes, las lacrimógenas y todo. Yo intento salir por Escalera, pero ya estaba cerrado con gente del ESMAD.
Entonces me devuelvo, me consumo lo que tenía para coger fuerza, guardo todo y salgo hacia San Victorino”. Pero casi llegando a La España le ganó el cansancio. “Caigo rendido.
Nos tuvieron ahí, contra el piso, como “Cristos”, unas tres o cuatro horas. Después nos suben a unos camiones y nos llevan hacia la UPJ, pero en ese paso del camión a la estación, yo me les volé”.
Sobre las desapariciones, agrega. “Eso no se puede ocultar. Así como muchas personas lograron salir vivas, otras nunca volvieron a aparecer.
Muchos amigos desaparecieron. Incluso ese mismo día.
Y queda la duda de si fue de un lado o del otro. Nadie tiene la verdad absoluta, pero sabemos de qué estamos hablando”.
Para ambos la incomodidad de perder “La L”, de que el Bronx desapareciera, les abrió los ojos. “Me hizo entender que necesitaba un cambio real. Entonces sí, la intervención sí sirvió.
No solo para mí, sino para muchas personas”. Hoy tienen la fundación ‘Sanando Mentes’, con la cual brindan atención a personas en estado de vulnerabilidad, “retribuyendo un poquitico el favor que la sociedad nos dio a nosotros.
Contribuimos al bienestar de de personas en estado vulnerabilidad, especialmente aquellas que están en situación de consumo, personas que están en tratamiento de recuperación de adicciones”. El ‘pipazo’ macabro La historia de William Moncada, exhabitante de calle, hoy trabajador en un centro comercial (también dice que es poeta y escritor), no difiere de las otras, pero sí es el único que no estuvo propiamente en Bronx ese 28 de mayo.
Para él la historia de la intervención se resume en la búsqueda de sus amigos que habitaban la olla y de un ‘pipazo macabro’. Dice que, al momento de la toma del lugar, llegó a recorrer las calles del Cartucho y el Bronx. “A ocupar apartamentos a la intemperie, a dormir en colchones de cemento y taparme con una térmica de papel”.
William Moncada.Juan Camilo Parra“Fui desplazado por la violencia por allá en el año 1966, de una finca llamada La Tolda, municipio de Armero. Nací el 11 de febrero de 1957.
Tengo 69 años. Llegué a una Bogotá que me vio crecer y donde la aceptación en grupo me llevó al consumo.
Fueron más o menos 15 o 16 años como consumidor social, funcional y recreativo. “Trabajé con el Ministerio de Hacienda y Crédito Público durante nueve años, desde 1974 hasta 1983. Del 83 para acá fue cuando me llegué a tocar el fondo del trasfondo”.
Recuerda que en 2006 “muere el Cartucho y cierran la 15 y “La L”. Pero a los 15 o 20 días la vuelven a abrir y ya estaban los “sayayines” invadiendo la zona, andando con pistolas y fusiles.
Ahí inició esa transformación y se le dio el renombre de “Bronx”. Una cosa que siempre se ha cuestionado William es por qué, cuando intervienen el Cartucho, no hicieron lo mismo con el vecino, que era “La L”. “¿Por qué la cierran y la vuelven a abrir?
Eso llevó a ocho o nueve años más de toda esa historia, entre 2007 y 2016”. Antes de la intervención, William ya había iniciado un proceso de rehabilitación.
Asimismo de su trabajo en Mosquera en un centro comercial, se convirtió en escritor y poeta. Así acabó escribiendo una crónica titulada “El pipazo macabro”. “Yo encuentro acá a unos amigos que estaban ahí el día de la toma.
Entonces le pregunto a Mayorga: “Hermano, ¿dónde estaba usted cuando hubo la intervención del Bronx?”. Y él me responde: “Yo estaba ahí, al pie de la chatarrería de don Salomón, en toda la novena con 15, aplicándome un pipazo”.
Y cuando se lo aplicó sonaron las alarmas. Él me expresó: “No sé si fue el consumo o el pánico de la intervención, pero eso me subió”. “Regresé del viaje a la droga y su mundo, donde las penumbras de la soledad se confunden con las sombras que daban a mi andar.
Hace 5.250 días… los minutos y las horas, las dejo al lector”, escribió. Reconstruir la memoria genera un espacio para no olvidar una historia que marcó un antes, piensa Moncada. “Y ahora se está viendo un después con todo esto de la Esquina Redonda y de cómo, donde se vivió la muerte en vida y la destrucción, hoy se construye a través del arte.
A pesar de que persiste el problema de la drogadicción y la habitabilidad de calle”. Hoy día William hace parte de ‘Sanando Mentes’ con Alejandro y Rafael, en ese esfuerzo por hacer por otras personas lo que alguien hizo por ellos: creer en que podían tener otra vida.
Después del Bronx Después del Bronx la historia no terminó por completo. Orlando Beltrán es director del Banquete del Bronx, una organización sin ánimo de lucro que nació con la iniciativa de su madre, una campesina que al llegar a la ciudad no soportó la imagen de los “gamines” o niños habitantes de calle de los años 70s en Bogotá y inició a atenderlos. “Cuando ella faltó, seguimos la fundación”, recuerda Beltrán.
La organización atiende población habitante de calle desde hace décadas, incluso antes del operativo, piensa que los días que siguieron fueron los más difíciles. Hoy se cumplen 10 años de la intervención del Bronx.Sabemos la importancia de este operativo, pero también sabemos que aún existen miles de nuestros hermanos habitantes de calle bajo el flagelo de las drogas y el abandono.Debemos hacer memoria y reconocer que, cuando existía… pic.twitter.com/pmIYVA9rAL— elbanquetedelbronx (@elbronxcolombia) May 28, 2026 “La intervención fue muy difícil, porque prácticamente fue una intervención que se hizo muy secretamente por el Estado, en ese momento por parte de la Policía Nacional y demás.
Pero fueron los días siguientes los más difíciles, porque ahí fue donde nos dimos cuenta de que, sin importar la intervención que hubo acá, tampoco respetaron a los hermanos de calle, que se fueron a los caños como ratones, como ratas, como si realmente no tuvieran otra oportunidad”. Orlando dice que el censo de habitantes de calle muestra un aumento de esta población, percepción que él mismo desde el ‘Banquete’, ha notado. “De los 11.200 habitantes de calle que tiene Bogotá, sabemos que Integración Social no alcanza a tener ni siquiera 1.200 camas.
O sea, no alcanza a tener ni el 10%”. Añade que el trabajo de su funcación se ha abierto a todo el país, experiencia que le ha enseñado esta lección en los últimos años: “en Colombia hay unas ollas muy peligrosas e intocables, como las ollas de Medellín y algunas otras ollas del Cauca y del Norte de Santander.
Y definitivamente ollas como San Bernardo, donde hay bandas transnacionales, donde cada vez nos damos cuenta de que es muy difícil el acceso para personas que quieren investigar un poco más o hacer algún tipo de ayuda humanitaria, es casi imposible”. El mural de la memoria Otro capítulo posterior a la toma del Bronx se ubica en 2019.
La ciudad no acababa de entender qué sucedió luego de las imágenes estruendosas del operativo, la degradación fue digerida entre un horror que parecía esparcirse en lugar de haber terminado. El gran vacío estaba en contar todo lo que pasaba entre una población excluida como son los habitantes de calle, consumidores y trabajadoras sexuales.
Por esto, desde el Distrito se impulsaron ejercicios de memoria, así como la puesta en marcha del proyecto Bronx Distrito Creativo, el primer distrito cultural inducido en la ciudad. Ximena Castillo ha liderado desde entonces el grupo de memoria Esquina Redonda. “A mediados del 2019, entramos a lo que antes era conocida como la L o el pedazo por sus habitantes.
Lo primero que hicimos fue hablar con los habitantes de calle, con las trabajadoras sexuales, con los jóvenes que todavía seguían en el espacio habitándolo, tratando de estar allí”. “La primera pregunta que salió y la más importante fue, ‘¿dónde están mis parceros?’. Luego de el desalojo hubo muchas personas que no se volvieron a encontrar, no las volvieron a ver, no se sabe de su paradero".
Con esas entrevistas se hicieron retratos hablados de cada una de las personas que que habían desaparecido. “Asimismo de darle rostro hicimos una biografía de cada una de ellas, entender cómo se relacionaban adentro del Bronx, cuáles eran sus afectos, cómo habitaban el espacio y este que se llama El Muro de la Presencia”.10 años de la toma del Bronx.Juan Camilo Parra10 años de la toma del Bronx.Juan Camilo Parra10 años de la toma del Bronx.Juan Camilo Parra10 años de la toma del Bronx.Juan Camilo Parra10 años de la toma del Bronx.Juan Camilo Parra10 años de la toma del Bronx.Juan Camilo Parra10 años de la toma del Bronx.Juan Camilo Parra10 años de la toma del Bronx.Juan Camilo Parra10 años de la toma del Bronx.Juan Camilo Parra10 años de la toma del Bronx.Juan Camilo ParraBlanca Andrea Sánchez, directora de la Fundación Gilberto Alzáte Avendaño (FUGA) destaca: “Lo que uno guarda realmente en el corazón no se olvida y lo que no se olvida intentamos que no se repita. Por eso es tan importante hacer memoria.
Porque esto fue parte, sin duda, de un ADN de la ciudad, de una cicatriz y de una marca que quedó”. Pese a que las obras del Distrito Bronx Creativo están a 10 % de terminar su fase uno, la directora reconoce que aún persisten los retos de seguridad y habitabilidad en calle en la zona de la antigua olla. “Aún tenemos seguir trabajando la seguridad y el consumo.
Persisten algunas dinámicas complejas en el espacio. Aún hay paradores, aún la habitabilidad de calle y la venta ambulante siguen siendo instrumentalizadas por las economías ilegales.
Y eso es algo que tenemos que manejar como retos. Ximena añade: “yo creo que una de las características fundamentales de la memoria es que es polifónica.
La memoria tiene muchas voces que recuerdan, que se contradicen y que interpretan desde distintos lugares”. "Procesos que también nos permitan ser críticos y analizar de una manera más profunda lo que fue el Bronx.
No desde una mirada maniqueísta de buenos y malos, sino entendiendo todas las complejidades que existen dentro de esa realidad”. Para conocer más noticias de la capital y Cundinamarca, visite la sección Bogotá de El Espectador.
Information from El Espectador (Colombia). Edited by: Noticias Today.
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