Versalles aún duerme. Los jardines están quietos, las fuentes en silencio, y en algún lugar del palacio, una reina respira sin saber que, fuera de sus muros, su cuerpo ya no le pertenece.

No en un sentido íntimo, sino en otro mucho más voraz: el de la imaginación colectiva. En las calles de París, su figura circula de mano en mano en libelos clandestinos, panfletos anónimos que desde hace años alimentan el rumor, el escándalo y el resentimiento popular.Seguir leyendo...