El otro día tuve mi primera experiencia haciendo croquetas. El relleno me quedó bastante rico, pero cuando me dispuse a montarlas y freírlas, sucedió un desastre que me granjeó no pocas bromas entre amigos y conocidos.

Más que croquetas, resultó una mezcla informe de bechamel, huevo y pan rallado: las croquetas perdieron su croquetidad individual para formar una masa indistinguible (que me comí igualmente, claro). Seguir leyendo