Jasper Johns (Georgia, 1930) era un perfecto desconocido de 25 años que diseñaba escaparates de tiendas elegantes cuando soñó que pintaba la bandera de Estados Unidos. Su compañero de estudio, Robert Rauschenberg, con quien mantenía una relación sentimental, pensó que era una idea excelente, y le animó a hacerlo.

Al día siguiente era ya una realidad. Poco después, una visita fortuita del influyente galerista Leo Castelli le reportaría su primera exposición, sus primeras ventas al MoMA y, de la noche a la mañana, el joven pintor se había convertido en una estrella.Seguir leyendo...