A la sombra de los árboles de la calle Rogent, mientras se escucha a sus vecinos que, detenidos en medio de la vía, conversan sobre las últimas nuevas y se preguntan sobre la salud de sus allegados, uno puede pensar que no está en Barcelona. Que quizás ha ido a parar misteriosamente en un pequeño pueblo donde todo el mundo se conoce, lejos de los miles de turistas que abarrotan cada día tiendas, restaurantes, museos y espacio público de la capital catalana.

Pero la realidad es que la avenida está muy cerca de la Meridiana; que solo 15 minutos andando la separan de la Sagrada Família. Y, pese a estar ubicada en una gran ciudad, sigue gozando de ese ambiente familiar y un mosaico de comercios locales –en algunos casos, con más de un siglo de vida– difíciles de encontrar en otros puntos de la urbe.

Todo, en apenas un kilómetro de distancia.Seguir leyendo...