Sonia Díaz Rois, experta en gestión emocional: "A muchas mujeres se les ha enseñado a aguantar"

Parece que enfadarse es perder los papeles, el control, ser una "histérica", algo que en hombres no está tan mal visto, incluso respetable, en mujeres es inaceptable. ¿Por qué muchas mujeres esconden su enfado?
¿Por qué aparece la culpa? ¿Es el enfado una emoción cuestionable en nosotras?
Una experta nos da todas las claves sobre cómo viven el enfado las mujeres y cómo hacer una mejor gestión emocional para mejorar el bienestar global.El enfado en las mujeres¿Por qué a tantas mujeres les cuesta identificar que están enfadadas antes incluso de expresarlo? Para conocer más sobre el papel del enfado en las mujeres, hablamos con Sonia Díaz Rois, mentora especializada en gestión del enfado y comunicación consciente, autora del libro Y si me enfado, ¿qué?, que explica a Mujer.es que "muchas mujeres no identifican que están enfadadas porque no lo viven como enfado.
También porque a muchas se les ha enseñado antes a aguantar, minimizar o justificar lo que sienten que a reconocer el enfado como algo válido".La experta nos cuenta que lo que aparece primero suele ser cansancio, saturación, incomodidad o esa sensación de "no puedo más". De hecho, es mucho más habitual escuchar "todo me molesta", "estoy agotada" o "no tengo paciencia" que un "estoy enfadada".
Aunque el cuerpo muchas veces da señales claras, señala Sonia, como tensión, aceleración, inquietud, no lo suelen identificar en ese momento. Se dan cuenta después.
Y ese después muchas veces ya es tarde, porque ya están reaccionando.Según Sonia, muchas mujeres lo describen así: "me acelero, subo marchas y de repente ya estoy gritando". El problema no es que no se den cuenta.
Es que saberlo no cambia automáticamente la reacción. Me dicen cosas como: "sé que me estoy pasando, pero no puedo parar” o “lo entiendo, pero no sé hacerlo diferente".
No hay margen entre lo que ocurre y cómo reaccionan. Y ahí aparece la pregunta: "¿cómo lo hago diferente?", "necesito herramientas", "¿cómo puedo anticiparme a uno de mis arranques?".
Y es cuando se dan cuenta de que no necesitan más teoría. Necesitan saber qué hacer cuando el enfado ya está ahí, asegura.Una cuestión de educación emocionalLa experta expone que muchas mujeres han aprendido a ser las que tiran del carro: responsables, resolutivas, las que organizan, las que están pendientes de todo.
Y eso, que tiene un valor enorme, también tiene una cara B y es mucha exigencia, poca tolerancia a que las cosas no salgan como esperan y una sensación constante de "si no lo hago yo, no se hace". "Asimismo", añade, "solemos crecer con la idea de que enfadarse es exagerar, molestar o generar conflicto.
Así aprendemos a callar en lugar de expresarnos con claridad". A esto se suma, afirma, que los modelos que han visto suelen ser bastante extremos: o se gritaba o se callaba, pero pocas veces han visto o aprendido a expresar un "esto me molesta" con claridad y calma.
Y ahí es donde se desarrolla un patrón muy común, o lo expresan mal o se lo guardan. También aparece mucho pensamiento rígido: "si no es como yo digo, está mal", "si algo falla, ya está todo mal".
Pasan del blanco al negro en segundos, y eso hace que situaciones cotidianas se vivan con una intensidad mucho mayor. Cuando has crecido con mucha exigencia y poco espacio para gestionar lo que se siente, es fácil que el grito se normalice como forma de comunicación o como vía para que te hagan caso.El fantasma de la culpaMuchas mujeres dicen que sienten culpa cuando se enfadan.
¿De dónde nace esa culpa? "La culpa no viene solo del enfado.
Viene, sobre todo, de lo que ocurre después. De cómo se ven a sí mismas cuando reaccionan así.
Porque muchas veces no solo sienten que han reaccionado mal. Sienten también que no ‘deberían’ enfadarse así.
Y ahí aparece mucha vergüenza y autojuicio", nos comenta la coach.Después del enfado, asegura, se sienten mal. No solo por lo que ha pasado, sino por la sensación de no llegar, de repetir lo mismo y de no estar siendo la madre o la pareja que les gustaría ser.
Algunas lo expresan así: "Mis hijos tienen una madre gritona y no divertida", "No me gusta la persona en la que me convierto", "No me reconozco". Y cuanto más se exigen, más duele ese momento en el que sienten que no están siendo la persona que quieren ser.Emociones ligadas al enfadoCuando una mujer no se permite enfadarse, ¿en qué otras emociones suele camuflarse ese enfado?
¿Tiene consecuencias a largo plazo reprimir sistemáticamente el enfado? "El enfado rara vez aparece solo.
Muchas veces se camufla como cansancio, irritabilidad, tristeza o esa sensación constante de estar desbordada", argumenta Díaz Rois.Y cuando no lo expresan, según nos cuenta, suelen pasar dos cosas: o se lo tragan hasta que explotan por algo pequeño, o lo van soltando en pequeñas dosis: malas caras, distancia, tensión… El cuerpo también acaba hablando: fatiga, tensión muscular, bruxismo… A largo plazo, reprimir el enfado desgasta. Desgasta la energía, las relaciones y también la forma en la que una se percibe a sí misma.
Asimismo, cuando no reconoces lo que sientes, tampoco pides ayuda. Y muchas veces lo que necesitan no es poder con todo, sino dejar de hacerlo todo solas o aprender a hacerlo de otra manera, sin exigirse tanto.Cómo reconciliarse con el enfadoPara la experta, el punto de partida es entender que el problema no es enfadarse.
Nos vamos a enfadar igual, nos guste o no. Igual que sentimos miedo, alegría, tristeza, sorpresa, asco, también vamos a experimentar enfado.
Todas las emociones nos aportan información para adaptarnos, así que normalizar el enfado sería un gran paso.Es importante diferenciar enfado de ira, entender qué hay detrás (cansancio, exigencia, sensación de injusticia) y crear un pequeño espacio antes de reaccionar. También deberíamos revisar los pensamientos porque muchas veces no es tanto lo que sucede, sino la interpretación que hacemos de lo que pasa.En paralelo, hay un trabajo importante con el cuerpo: parar, respirar y bajar la activación.
Muchas veces vamos aceleradas todo el día y eso hace que cualquier cosa nos active más de la cuenta. Por eso, introducir pequeñas pausas durante el día para respirar de forma consciente ayuda a regularnos.
Y dejar de pensar que el enfado solo va de poner límites o decir lo que no nos gusta. A veces tocará decir "hasta aquí", y otras, revisar cuándo es necesario ceder.
No se trata de dejar de enfadarse. Se trata de aprender a expresar ese enfado de forma tranquila, entender qué necesidad hay detrás y aprender qué hacer y qué decir en ese momento.
Information from 20 Minutos. Edited by: Noticias Today.
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